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Actualizado el 08/09/2017
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María Paz Bertoglia: “Trabajamos cada día para parar a los chantas”

Autor: Tania Opazo / Fotos: Marcelo Segura

La epidemióloga es una de las fundadoras de Etilmercurio, un sitio de divulgación científica, y actualmente dicta un curso de escepticismo y pensamiento crítico en salud en la Universidad de Chile. Su objetivo es detener a los que se aprovechan del desconocimiento de la ciencia para hacer negocios.

María Paz Bertoglia: “Trabajamos cada día para parar a los chantas”

Es martes y en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile los estudiantes están en medio de asambleas a propósito del nuevo proyecto de reforma a la educación superior. Sin embargo, varios de los alumnos del curso Escepticismo y Pensamiento Crítico en Salud Pública llegan igual a la sala a comentar el tema del momento: la salida de pantalla del doctor Ricardo Soto, panelista estrella del matinal Bienvenidos, de Canal 13.

Hace una semana varios (incluyendo al ISP y el Colegio Médico) reaccionaron a su polémica recomendación de consumir un compuesto llamado Miracle Mineral Solution (MMS). Su componente principal, el clorito de sodio, es peligroso para la salud, pero según Soto es un desintoxicante que podría sanar varias enfermedades.

– Profe, busqué en la semana estudios sobre el clorito de sodio, pero no encontré nada –dice un estudiante.
– Menos mal. Como ya sabemos que es tóxico y hace mal, no debiera haber ningún estudio. Se aplica el principio precautorio para que ni siquiera se investigue –responde Bertoglia.

María Paz Bertoglia es hija de una pediatra y un otorrino a los que llama sencillamente Ani y Feña. Creció en Copiapó y Valparaíso, es kinesióloga, trabajó en hospitales y dirigió consultorios, pero fue en la epidemiología y la bioestadística donde encontró su lugar. Hizo dos magíster paralelamente –uno en la UC y otro en la Universidad de Chile– y en el camino se divorció tras un breve matrimonio. Luego de trabajar en la Organización Panamericana de la Salud en Perú, regresó hace tres años para hacer un doctorado en salud pública en la misma universidad donde está su oficina, al lado del Hospital Clínico (el J.J. Aguirre), lugar en el que nació hace 39 años.

Entre los pasillos oscuros y laberínticos de la Facultad de Medicina, Bertoglia camina sonriente. A principios de año propuso un curso optativo de pensamiento crítico en salud pública. Ahora cada martes se reúne con estudiantes de medicina, fonoaudiología y tecnología médica para contrastar la información que circula en la red con la evidencia científica, y buscar vías para educar a la población en salud. En esta tarea la ayudan los profesores Rodrigo Fuentes y Marcia Erazo.

¿Por qué decidiste hacer este curso?
Para no tener profesionales de la salud que van en contra de las indicaciones sanitarias. Ojalá nunca más tener médicos de esta universidad que carezcan de un pensamiento crítico. Yo siempre le digo a los chicos: la gente los va a buscar, no para que decidan por ellos, sino para que los guíen basados en la evidencia.

Bertoglia insiste en esta idea durante la clase y el profesor Rodrigo Fuentes interviene: Es necesario tener una mirada crítica, pero no agresiva. “La gente quiere creer en curas milagrosas porque el acceso al sistema es lento y caro. Estos gurús hablan bonito, te tocan, son cálidos, mientras que cuando vas a un hospital te tratan mal. Hay una serie de vacíos donde estas cuestiones afloran”, explica. “Tenemos que ir un poco más allá de la necesaria evidencia científica, que es la base, con un acercamiento más global y holístico”.

Maria Paz Bertoglia

¿Cómo evalúas la desconfianza en la ciencia y los profesionales de la salud que hay?
Las teorías conspirativas son un dolor de cabeza grande, porque alimentan muchas dudas dentro de la población. Está bien un escepticismo sano y crítico, pero hay que ver también qué fuentes se consideran al momento de hacer un análisis.

¿No crees que esas teorías toman fuerza porque existen malas prácticas en la ciencia?
Hay malas prácticas e intereses. Esto no es algo que la ciudadanía se imaginó. Existe un mercado de la salud donde las farmacéuticas no trabajan por amor al arte, sino que quieren hacer productos para ganar dinero. Las grandes inversiones en fármacos no son para la población vulnerable. Por eso no tenemos todavía, por ejemplo, una vacuna contra la malaria, enfermedad de la que se muere un montón de gente pobre. La economía comanda muchas veces qué es lo que se investiga, se generan sesgos de publicación donde información relevante no es divulgada y un largo etcétera de influencias nocivas.

¿Tienen que estar los profesionales de la salud libre de influencias?
Ojalá que sí. Porque si tú quieres entregarle a la ciudadanía información veraz, tienes que estar limpio de intereses. Siempre transparentar todos los lazos laborales e incentivos económicos. Yo les digo a mis alumnos que todos tenemos intereses y sesgos, aunque no sean económicos.

Algunos argumentan que la ciencia funciona en forma compleja y que la gente no está preparada para entenderla.
Eso es una falta de respeto tremenda a la ciudadanía. Tenemos que explicarle lo bonito y lo feo de la ciencia a la gente, porque así se construye el conocimiento. Vas a tener que decirles “la ciencia es falible, dinámica, se mueve en la incertidumbre y a veces cometemos errores porque somos humanos”, pero, de nuevo, que las decisiones se toman en base a un enorme cúmulo de información y datos que generan consensos. Así se salvan vidas.

Científica y tuitera
En el fondo de la sala del curso hay un telón donde se proyecta una diapositiva sobre Andrew Wakefield, uno de los líderes del movimiento antivacunas. Sus afirmaciones de que estas causaban autismo fueron hace años desacreditadas por la comunidad científica –incluso perdió su licencia de médico–, pero aún influencian a familias que optan por no inmunizar a sus hijos. Las vacunas eran el tema programado para la clase, pero el doctor Soto obliga a dejarlo pendiente.

– Me dio risa que en Primer plano una periodista dijo “cloruro de sodio” y yo pensé: ¿qué? ¡es clorito! – continúa un joven.
– Bueno, todos se pueden confundir, por eso uno tiene que estar mirando lo que aparece en los medios, las redes sociales, y aclarar –dice Bertoglia.

Etilmercurio, el blog de divulgación científica creado por Bertoglia y otros investigadores, cumple un año este mes. A través de él, la investigadora ha logrado notoriedad en las redes sociales, donde responde, explica y alerta sobre lo que le parece relevante. Ahora que Canal 13 sacó de pantalla a Soto, dice más convencida que nunca que “los movimientos sociales sí generan reacciones e influencia”.

¿Te preocupa que personajes como el doctor Soto se instalen con tanta fuerza en la opinión pública?
Muchísimo. Me preocupa que existan personas, muy creíbles para la población, que dicen cosas que no están pasando por un filtro. Tuvimos que lidiar con el ex presidente del Colegio Médico, el doctor Enrique Paris, que vinculó las vacunas con el autismo, lo mismo pasó con Guido y Cristina Girardi. Todavía lidiamos con los coletazos del paper de Wakefield, que se escribió en los años 90, sobre las vacunas y el autismo. En Chile tuvimos hace poco un brote de sarampión importado y es cosa de tiempo para tener otro.

¿Cómo se logra que haya más ciencia en los medios?
Nos falta tomarnos los espacios y exigir más presencia, sobre todo en televisión, que es por donde una gran parte de la población se informa. Debemos crear más canales de comunicación con la gente porque hay un divorcio entre los intereses de la población y los de los científicos. No los hemos convencido de que la ciencia puede ser super entretenida

¿Por eso crearon Etilmercurio?
Sí, en parte. Nuestra idea era tener una plataforma de comunicación con la gente donde el aprendizaje se hiciera en un lenguaje más lúdico. Tenemos matemáticos, físicos, ingenieros, periodistas, sociólogos, biólogos, químicos, y tratamos de cubrir temas relevantes de todos los ámbitos que podamos. Hay algunos regalones, como las vacunas, nacimos con ese tema, de hecho etilmercurio es el compuesto del timerosal y además es un juego de palabras con el nombre de El Mercurio.

Maria Paz BertogliaEntre sus artículos más leídos hay de vacunas, la homosexualidad, las antenas, hasta Greenpeace, los que provocan todo tipo de reacciones. “Por un lado hay resistencia, pero nos han llegado mensajes, por ejemplo, de profesores, por el tema de la vacuna del papiloma, diciendo ‘lo imprimí y lo pegué en la sala para la reunión de apoderados’. De verdad esas son las cosas que queremos lograr”, explica.

¿Cómo reaccionas a los insultos que a veces te llegan en las redes sociales?
Estos temas movilizan mucho y a veces a uno le duele lo que le dicen. Pero con violencia sólo generas más resistencia. El humor es un mecanismo de defensa que te sirve de aliado. Porque efectivamente a veces te sacan de quicio, entonces, en vez de decir alguna brutalidad o bloquear a alguien, juego en el terreno de la ironía.

¿Es posible ganarle a la seudociencia?
Espero que sí. Para eso trabajamos cada día, para parar a los chantas, para recuperar la confianza de la gente.

¿Y cómo le respondes a alguien cuando te dice que x terapia alternativa sí le resultó?
Es lo que yo llamo el “amimefuncionalismo”. Así no opera la ciencia, el caso único no vale, que le haya funcionado a una o dos personas puede haber sido suerte. Si realmente quieres comprender un fenómeno y saber si una terapia sirve, hay una montón de pasos que se tienen que seguir, para asegurar que ese producto es efectivo y seguro.

Mucha gente está arrancando de lo tradicional, en medicina, en alimentación. Hay un culto a lo alternativo y la idea de que los químicos son malos… ¿qué piensas tú?
No sé quién empezó a hablar mal de los químicos y cómo nos separamos tanto de la ciudadanía que no lo logramos hacerles entender que todo es químico: el agua, el aire, ¡nosotros mismos estamos formados por químicos! La comida que comes está llena de químicos porque todo es químico. Por ejemplo, los transgénicos, ¿de dónde sacan que los transgénicos son malos y que la etiqueta orgánica-natural significa que algo es bueno? Porque hasta ahora no hemos logrado tampoco demostrarlo, lo orgánico-natural es solamente una etiqueta económica para cobrarte más caro cuando tienes una alternativa que, claro, es transgénica pero, y qué, está perfecto que lo sea. Ahí tenemos que hacer un trabajo muy sensible con la gente, les cuesta entender eso.

¿Qué te dicen cuando afirmas que los transgénicos son buenos?
Que nos paga Monsanto, claro.

 

TRES RECOMENDACIONES
Un libro
El mundo y sus demonios, de Carl Sagan. “Mi favorito de todos los tiempos”.
Una página web
El sitio en español www.naukas.com. “Ha sido una gran inspiración para Etilmercurio”.
Un documental
Here Be Dragons. “Es un documental muy bueno sobre pensamiento crítico y está disponible en YouTube, con subtítulos en español”.

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