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Actualizado el 22/10/2017
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Mindhunter: hablan los protagonistas de la última obsesión televisiva

Autor: Matías de la Maza

Jonathan Groff y Holt McCallany conversan con La Tercera sobre la serie de Netflix que explora la mente de los más peligrosos asesinos.

Mindhunter: hablan los protagonistas de la última obsesión televisiva
Holt McCallany y Jonathan Groff en Mindhunter.

“Recibo mensajes todos los días de amigos y más que me dicen que están obsesionados con la serie. Nunca había tenido una experiencia así en mi vida como actor. Me despierto con docenas de mensajes todas las mañanas”, explica Jonathan Groff (32) a La Tercera sobre cómo la última semana su vida dio un giro tras el estreno de Mindhunter (y eso que el actor ya había sido parte del híper popular musical Hamilton). “Alguien me contó que a Stephen King le gustó nuestra serie y eso es un agrado, porque la primera película en la que actué, Creepshow 2, estaba basada en una historia de Stephen King. Y estamos todos contentísimos con la recepción que hemos tenido. Estábamos orgullosos de lo que habíamos hecho pero no sabíamos si a la gente le iba a gustar. La recepción ha excedido todas nuestras expectativas”, dice su coestrella, Holt McCallany (54).

En sólo cosa de días, la dupla de actores ha sido el centro de múltiples conversaciones y análisis gracias a la serie producida por David Fincher (quien además dirige cuatro episodios), estrenada el 13 de octubre en Netflix, centrada en los orígenes de la unidad del FBI que analiza la sicología de los asesinos en serie. Pero Mindhunter -basada en el libro homónimo de no ficción- no es una típica serie policial, ni tampoco un thriller tradicional. A pesar de su oscuro y potencialmente sangriento argumento central, la historia cuenta mucho más de lo que muestra, priorizando conversaciones por sobre la violencia gráfica. “Desde que leí el guión de la audición me di cuenta que la serie iba a ser más de personas hablando entre cuatro paredes que asesinatos sangrientos. Eso te permite hacer muchas más cosas como actor”, asegura Groff, quien interpreta al Holden Ford -basado en el agente real John Douglas-, un joven y socialmente incómodo agente del FBI que en 1978 busca que la agencia comience a explorar la mente de los sicópatas encarcelados para entenderlos y así evitar futuros crímenes. En su cruzada encuentra el apoyo -algo a regañadientes- del veterano agente Bill Tench (McCallany) -basado en el agente real Robert Ressler-, dándole una nueva vida a la tradición de las parejas disparejas de policías.

“Es gracioso, porque Holt y yo en muchos aspectos es como si fuéramos dos especies distintas de seres humanos”, dice Groff riéndose, agregando; “entonces la dinámica se dio de forma natural, sólo requería que nos paráramos uno al lado del otro”.

“Tenemos personalidades muy distintas y además está el hecho que soy mucho más viejo que Jonathan. Entonces tratamos de encontrar el humor que podía nacer del hecho de que seamos tan distintos, algo que es la tónica de las parejas disparejas en la ficción. Y pensamos que esa podía ser una yuxtaposición atractiva para la audiencia, porque las escenas con los asesinos son muy intensas, entonces existen estos pequeños momentos de comedia entre ambos agentes, y a David le gustó mucho la idea”, complementa McCallany.

Capítulo a capítulo, los agentes entrevistan a peligrosos criminales -todos personajes reales e infames en la historia criminal de Estados Unidos- para conocer los macabros detalles detrás de sus asesinatos. En medio de un proceso revolucionario para la criminología, ambos navegan por sus propios problemas y crisis de identidad. “Holden es un tipo que actúa extraño porque está teniendo muchas nuevas experiencias. Está despertando sexualmente junto a su novia (Hannah Gross) y así mismo está teniendo un despertar profesional. Es una suerte de pez fuera del agua y no sabe mucho qué hacer, lo que lo lleva a cambiar de formas que no espera”, dice Groff. “Es como un perro con un hueso; se obsesiona con esta idea excitante y revolucionaria y sólo quiere conseguirla, sea cual sea el costo”, agrega.

“Cuando conocemos a Bill, está en un matrimonio roto, ha tenido muchos problemas con su hijo adoptivo y está metido en toda la burocracia del FBI. Ya no está dispuesto a hacer todo lo que hay que hacer para ascender en la agencia. Se le ha olvidado por qué era importante para él estar en el FBI. Pero cuando conoce a Holden, ve todo este entusiasmo y pasión por su trabajo, que lo hace comenzar a ver los méritos de sus ideas. Hay muchas cosas de él que le molestan mucho, como su arrogancia, que sea obsesivo y no mida consecuencias, reconoce que es un joven muy inteligente con una gran idea. Entonces está dispuesto a jugarse el pellejo por él”, asegura su compañero.

Obsesionados

McCallany ya había trabajado en dos ocasiones con David Fincher, en Alien 3 (1992) y El club de la pelea (1999), aunque en papeles secundarios. El nuevo llamado que recibió del director significó una oportunidad que espero por décadas. “Ya van casi 20 años desde la última vez que trabajamos juntos, entonces no puedo describir lo feliz que me hizo que me llamara para este papel. Me mandó esto a lo que le decimos ‘la Biblia’, que es un manuscrito de ideas para cinco temporadas, que es la cantidad ideal que esta serie aspira a tener, y me di cuenta de inmediato lo buen personaje que es Bill Tench, y lo importante que era para esta historia. Antes sólo había podido tener papeles pequeños en sus películas. Esto fue como recibir un ascenso”, dice el actor. “David es muy intenso. Es una persona muy detallada y específica en lo que busca y trabaja durísimo, probablemente más que cualquiera en el set. Eso nos dejaba una vara muy alta”, agrega Groff.

Ambos tuvieron que leer más de una decena de libros para preparar sus personajes. “Piensa que además de Mindhunter, John Douglas escribió otros 15 libros y Robert Ressler otros cinco. Y eso sin contar los volúmenes y volúmenes de información que existen de cada asesino. El intentar entender los motivos detrás de un crimen violento y de connotación sexual es algo complejo. Además había que entender el contexto histórico y cómo funcionaba el FBI post J. Edgar Hoover”, asegura McCallany.

Pero si algo comparten ambos actores con sus personajes, y con buena parte de la audiencia televisiva moderna, es la curiosidad que puede generar el dar un vistazo de cerca a una mente retorcida. “Yo creo que a la gente le obsesiona lo desconocido. Y esta serie es sobre humanizar a los asesinos, pero no romantizarlos. Es sobre explorar lo diferentes que son estas personas de un ser humano común, de una forma realista. Y creo que a la gente le fascina poder saber cómo piensan”, explica Groff, a lo que McCallany agrega: “Nosotros como personas normales no podemos ni imaginarnos cómo alguien puede cometer crímenes así de horrorosos. Es algo lleno de salvajismo. Acabamos de ver cómo hace algunas semanas un tipo en Las Vegas masacró a 50 personas. Estas son las cosas que el FBI está intentando descubrir, de la misma forma que John Douglas y Robert Ressler lo hicieron. Nos preguntamos qué fue lo que lo motivó, qué lo gatilló a hacer esto, cuáles fueron las alertas, si había algún tipo de antecedente, por qué estas víctimas en específico. No sabemos si tal vez se pudo prevenir. Y los agentes están buscando responder esas preguntas. Entonces las temáticas de nuestra serie son muy relevantes hoy en día”.

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