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Actualizado el 09/12/2017
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El modelo colombiano de empresa pública

Autor: Constanza Pérez - Cueto V., Medellín, Colombia

La ciudad de Medellín, marcada desde la década de los 80´ por la presencia del narcotráfico, busca dejar atrás ese pasado de la mano del segundo holding más grande del país: EPM. La firma de servicios públicos, de propiedad del Municipio, entrega hasta el 55% de su utilidad anual para obras de infraestructura.

El modelo colombiano de empresa pública
Vista aérea de Medellín, Colombia.

En la década de 1980, la ciudad de Medellín, en Colombia, alcanzó los más altos índices de violencia e inseguridad a nivel mundial, afectada principalmente por el narcotráfico. Esa crisis, personificada en la figura de Pablo Escobar, es una realidad que parece cada vez más lejana en la actualidad.

Con un municipio que es dueño del segundo holding más grande de Colombia – Empresas Públicas de Medellín (EPM)- la ciudad “paisa” ha logrado desarrollar un modelo económico que le ha permitido ser una de las más innovadoras y también contar con una gran infraestructura. Por ejemplo, es la única del país que posee metro.

Adicionalmente, algunos de sus cerros poseen escaleras mecánicas que permiten subir lo equivalente a 10 pisos de un edificio. A eso se suman un tranvía, teleféricos (Metrocable) y una serie de programas sociales. Su exitoso modelo se ha sustentado principalmente en EPM, que si bien es de propiedad del municipio, ha funcionado desde su fundación en 1955, como una entidad descentralizada.

La empresa, que presta servicios públicos de energía, agua potable, saneamiento básico, gas natural, aseo y recolección de residuos sólidos y que tiene presencia en Colombia, Chile, México, Brasil, Perú, Centroamérica y en el sur de Estados Unidos, es presidida por el alcalde y está obligada por estatuto a aportar el 25% de su utilidad anual al presupuesto del municipio, cifra que puede crecer hasta el 55% si así lo solicita la autoridad comunal. Dicho aporte debe ser utilizado sólo en infraestructura y no en gastos administrativos.

Así, este año EPM aportó al presupuesto municipal cerca de US$ 531 millones, cifra similar a la que alcanzan sus utilidades a octubre de 2017 y cercana a lo que generan en ganancias anuales firmas como Copec en Chile.

Su Ebitda al décimo mes de este año, en tanto, ascendió a US$ 1.295 millones, 22% por sobre lo alcanzado en igual periodo del año anterior.

Ejecutivos de la compañía comentan que en los últimos años el consejo municipal ha pedido recursos adicionales, por lo que la compañía ha reinvertido el 45% de sus utilidades.

“La ciudad de hace diez o quince años era muy distinta en todos los sentidos y muchas de las cosas que se han hecho es con dinero que EPM le ha dado al municipio. La empresa es copartícipe en el desarrollo de los territorios, pero difícilmente hace algo sola porque entiende que no reemplaza al Estado”, manifiestan desde EPM.

El crecimiento de la compañía se generó principalmente entre 2000 y 2008, a través de una expansión regional, que le permitió alcanzar el 25% de participación de mercado en generación eléctrica en Colombia. Con ello, la firma tuvo que mirar hacia al exterior para seguir creciendo, por lo que en 2009 inició su expansión internacional, arribando a Chile en 2014, con la construcción del parque eólico Los Cururos y más tarde, con la compra de Aguas Antofagasta, al grupo Luksic.

En cuanto a su administración, cuenta con un gerente general (ver entrevista), que es nombrado por el alcalde. Además posee nueve vicepresidencias que funcionan como un directorio. “Es un modelo empresarial municipal que existe en muchas ciudades de Colombia, pero es el más exitoso por su sostenibilidad”, menciona uno de sus vicepresidentes.

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