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Actualizado el 10/01/2018
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Mujeres entre 25 y 34 años son las que reciben más licencias mentales

Autor: Verónica Carreño

El 72% de los permisos médicos por problemas mentales en 2016 fueron otorgados a mujeres y el 25% a este rango etario.

Mujeres entre 25 y 34 años son las que reciben más licencias mentales

Según el informe de Estadísticas de Licencias Médicas de Origen Común por Enfermedades Mentales, realizado por la Superintendencia de Seguridad Social (Suseso) y publicado en noviembre pasado, las mujeres son el grupo al que se le otorgó la mayor cantidad de permisos por trastornos mentales durante el año 2016.

Según el documento, el 72,1% de las licencias otorgadas ese año por problemas mentales fue para mujeres, y de ellas, el 25,1% correspondió al tramo etario entre 25 y 34 años, el grupo que más licencias mentales recibió en todo el país.

En correlación con la cantidad de licencias presentadas por mujeres jóvenes, también es este grupo el que recibe una mayor cifra de autorización de sus permisos por trastornos mentales, como la depresión y la ansiedad. De hecho, un 80,6% de ellas son autorizadas por la Comisión de Medicina Preventiva e Invalidez (Compin), aunque la mayor cantidad de días de licencia son aprobados para el grupo etario de los cotizantes mayores de 65 años, sin importar su género.

Problema global

Estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalan que la mayor prevalencia de enfermedades de carácter mental en mujeres es un fenómeno global, ya que, por ejemplo, en el caso de la depresión, se está frente a uno de los problemas de salud más común en la población femenina. De hecho, un 5,1% de ellas sufre depresión, mientras que esta cifra disminuye a un 3,6% en el caso de los hombres.

Esta serie de cifras relacionadas con la salud mental de las mujeres guarda relación con lo señalado en la segunda versión de la Encuesta Nacional de Salud, realizada el año 2010, estudio en el que un 25,7% de las entrevistadas señaló haber tenido síntomas depresivos en el último año, en contraste con un 8,5% de los hombres que respondieron lo mismo en dicho sondeo.

Aún están pendientes la cifras de la tercera versión del estudio, las que serán presentadas en las próximas semanas (ver recuadro).

Alberto Minoletti, jefe de la Unidad de Salud Mental de la Escuela de Salud Pública de la U. de Chile, explica que los estudios de prevalencia en el mundo han mostrado que los trastornos depresivos y ansiosos son más frecuentes en mujeres, mientras que en los hombres el número disminuye a la mitad. “Si se mira por grupos etarios, es más frecuente que mujeres jóvenes, que están en edad productiva, trabajando, sufran trastornos de ansiedad o depresión”.

¿Razones? Según el especialista, se trata de un tema de debate a nivel mundial, ya que la mayoría de los factores que influyen a quienes padecen de trastornos mentales van desde lo genético, pasando por lo psicológico, hasta lo sociocultural.

“Sin duda que el rol que tiene la mujer en la actualidad es complejo, muchas de ellas son madres y jefas de hogar. Tienen que trabajar y seguir desarrollando actividades en la casa, teniendo poco tiempo para realizarse, por lo que sienten que no pueden hacer ni su labor remunerada ni el cuidado de sus hijos y del hogar tan bien como quisieran”, señala el especialista.

Además, agrega, las mujeres reciben salarios inferiores, menores oportunidades de ascenso y, además, un trato mucho más discriminatorio en comparación con los hombres.

Más invalidantes

Según Minoletti, no hay estudios definitivos que demuestren que han aumentado las depresiones y los trastornos de ansiedad, pero sí es posible señalar que ellos son más graves y más invalidantes, “debido a las condiciones de vida que tenemos en este mundo moderno y neoliberal, donde somos más consumidores que personas, y estamos más preocupados del desarrollo económico que del desarrollo humano”.

El especialista, además, pone el enfoque en el desgaste que significa recibir una licencia por trastornos mentales. “El ideal sería que la persona se reintegre paulatinamente a su trabajo, pero esto no ocurre, entonces la persona queda sin trabajar y se demoran en pagarle la licencia o bien se la rechazan. A fin de cuentas, ello genera un estrés adicional a la enfermedad que no ayuda a la mejoría de la persona”, finaliza.

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