Israel pidió a la comunidad internacional que tome conciencia de que Irán es una "amenaza" para "el mundo entero" en un acto con motivo del 20 aniversario del atentado que destruyó su embajada en Buenos Aires.
El vicecanciller israelí, Danny Ayalon, uno de los oradores del acto, no solo acusó a Irán de haber financiado el atentado con un coche-bomba que causó 29 muertos el 17 de marzo de 1992, sino de ser una amenaza para todo el mundo con su programa nuclear.
"La comunidad internacional está preocupada porque Irán está cada vez más cerca del arma nuclear. La amenaza iraní no disuadirá a Israel, que hará todo lo que esté a su alcance para proteger sus intereses y a sus ciudadanos en todo el mundo", aseguró.
La ceremonia, a la que asistió también el vicepresidente argentino, Amado Boudou, y otros integrantes del gabinete de Cristina Fernández, se llevó a cabo en el lugar donde estaba situada la embajada, hoy convertido en un espacio de recordación y homenaje a las víctimas.
Como todos los años, la ceremonia, que se adelantó un día porque mañana es festivo para la colectividad judía (shabat), dio comienzo a las 14:50 (17:50 GMT), la hora en la que un "coche-bomba" explotó en la puerta del viejo edificio de la embajada.
Ayalon encabezó la comitiva que Israel envió a Argentina y que estuvo integrada por el ministro de Gobierno, Yosi Peled; el embajador Itzhak Shefi, que estaba al frente de la sede diplomática en el momento en que se perpetró el ataque, y Danny Carmon, quien era cónsul entonces en Buenos Aires y perdió a su mujer en el atentado.
Para el vicecanciller israelí, los terroristas "financiados por Irán" no pudieron "cumplir su objetivo de quebrar las relaciones entre Argentina e Israel". "Al contrario: nuestros lazos resultaron fortalecidos", destacó.
"Este cruel atentado y el perpetrado dos años después (contra la mutualista judía AMIA de Buenos Aires) forjaron una alianza eterna entre Israel y Argentina en la lucha contra el terrorismo", apuntó.
Por su parte, Peled, que habló en hebreo, consideró que los ataques de 1992 y 1994 contra la comunidad judía en Argentina se convirtieron en "momentos decisivos" para las relaciones entre ambos países y reclamó cárcel para sus responsables.
Tras afirmar que los atentados estuvieron dirigidos hacia "los 40 millones de argentinos", el vicepresidente Boudou remarcó la decisión de su Gobierno de llevar "a cada uno de los foros internacionales la lucha, la palabra y la acción contra el terrorismo internacional y su financiamiento".
El ministro argentino de Justicia, Julio Alak, dijo que hoy "sólo se puede hablar de memoria, pero no de verdad y justicia", al aludir a que quienes planificaron y ejecutaron el atentado contra la embajada de Israel están libres.
"La lucha por la memoria, verdad y justicia solo tendrá fin cuando la justicia sea administrada. La herida no cicatrizará nunca y menos si no somos capaces de llevar a los responsables a la cárcel", subrayó Alak.
Tanto la Corte Suprema de Argentina, que tuvo a su cargo la causa, como Israel apuntaron a la Jihad Islámica, brazo armado del grupo terrorista Hizbulá, como responsable de la planificación y la ejecución del atentado.
Sin embargo, la investigación del máximo tribunal del país no arrojó resultado alguno.
Al conmemorarse el pasado lunes en Jerusalén el vigésimo aniversario de este atentado, el canciller israelí, Avigdor Liberman, anunció que su país financiará la construcción de un edificio para su nueva embajada en Buenos Aires.
Itzhak Shefi, quien se definió como el "último embajador" que vio en pie aquella sede de la embajada y lloró durante su discurso, consideró el ataque como "una afrenta contra Argentina" y señaló que la falta de justicia "es una mancha en la consciencia de la sociedad y una ofensa a las víctimas y sus familiares".
El de la embajada fue el primero de los dos atentados contra objetivos judíos en Argentina, donde el 18 de julio de 1994 un "coche-bomba" redujo a escombros la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), con un resultado de 85 muertos.
La Justicia argentina también atribuyó a Irán y a Hizbulá la autoría de ese atentado, y pidió la captura internacional de varios funcionarios iraníes.