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Actualizado el 11/09/2017
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Nadal, indomable

Autor: Felipe Hurtado H.

Rafael Nadal y Kevin Anderson tienen la misma edad, 31 años; apenas separados por semanas. Las diferencias de sus trayectorias, en cambio, se miden en años-luz. Basta decir que mientras el sudafricano se hacía un nombre en el circuito universitario estadounidense, el español ya había ganado tres Roland Garros.

Alguna vez se toparon en la cancha y el africano, incluso, tuvo un paso por el top 10, pero lo cierto es que sus vidas jamás se cruzaron realmente hasta que Nueva York le regaló a Anderson este verano para atesorar por siempre.

Pasó lo que se suponía sucedería. El cuento de hadas del gigante de Johannesburgo, con todas esas estadísticas alusivas, estaba predestinado a quedar un trunco en el final, pese a que fue incansable su búsqueda de una ventana para poder ingresar al duelo.

Si hay vencedores de Grand Slam que no están a la altura de Nadal, qué le quedaba a él, un tipo que debe estar más que agradecido por haber tenido la oportunidad de ubicarse bajo los focos del Arthur Ashe, muy probablemente por única vez en su carrera.

Intentó apurar con saque y volea, pero sufrió rápidamente con la dosis de agotamiento que le significa a cualquiera intentar superar el español. Le pueden preguntar a Juan Martín del Potro, Leonardo Mayer o Taro Daniel, los últimos que le robaron un set y pagaron caro la osadía.

Es muy probable que Roger Federer y su épica versión del Ave Fénix se lleven los premios de la temporada 2017 de la ATP, aunque el de Manacor se haya tomado por asalto el número uno y consiguiera la misma cantidad de grandes que el suizo.

Pero Nadal se la pondrá difícil a la Academia y más de alguno considerará que se mereció los galardones, pero que FedEx tiene de su lado a la prensa y el público.

Tal vez tenga razón. Sus historias son parecidas. Incluyen ascenso, dolor, caída y vuelta a levantar cuando ya nadie les tenía mucha fe.

Ya recuperado de sus molestias, Nadal tiene todo para someter a cualquier adversario a su real antojo. Porque a la hora de aguantar a un Rafa prendido, ni el gran Roger está todas las veces a la altura.

Y mucho menos un tipo como Anderson, un buen tipo, no cabe dudas, pero cuyo cuento de hadas era apenas un accesorio en la historia de una bestia que fue, es y seguirá siendo indomable.

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