ESTA semana, el gobierno recibió una buena noticia en materia laboral. En 2011 la economía local fue capaz de crear 210.000 empleos y absorber a las 181.000 personas que entraron a la fuerza de trabajo. Así, terminaron su primer tiempo con el desempleo en 6,6%, casi tres puntos menos de lo que había cuando asumieron y la tasa más baja desde que existe la nueva encuesta del INE.
Pero ¿es lo anterior sinónimo de un mercado laboral chileno robusto y sano? No, advierten quienes llevan años estudiando el tema. Más aún. Con una transversalidad que cruza el espectro político, los técnicos piden no dejarse obnubilar por estos resultados y aseguran que los problemas persisten, y que si hay algo que se requiere es, y con premura, una reforma laboral 2.0.
"El 2011 dio buenos datos, pero los problemas de nuestro mercado siguen latentes y creo que la autoridad debe abrir un debate sobre la relevancia de un cambio de segunda generación. Chile ha reaccionado bien a la crisis y eso abre una oportunidad real para llevar una reforma laboral al primer lugar de la agenda oficial", afirma el decano de la Facultad de Economía de la UDD, Rodrigo Castro.
Si bien ve difícil defender la idea de un cambio que cruce todos los tópicos del trabajo en un contexto de bajo desempleo y más con el germen de la crisis del euro, Cristóbal Huneeus, académico de Economía de la Universidad de Chile y ex asesor de Hacienda, está convencido de que un mercado apretado como el actual es el escenario ideal para debatir sobre una reforma global.
"Hablar de 'pleno empleo' mirando una sola variable es equivocado y envía una señal errónea a los tres millones de chilenos que estando en edad de trabajar aún no lo hacen. Es como decirles: 'Aquí no hay espacio para ustedes'. En esa perspectiva, una reforma integral cobra relevancia", sostiene.
Pero también hay otros insumos que abren espacio al debate, agregan en el mercado. Por ejemplo, la propuesta de reforma transversal al alero de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) -que el Ministerio del Trabajo analiza, aunque sin compromisos- y la mesa de negociaciones de las dirigencias empresarial (CPC) y sindical (CUT) que acaba de entregar sus resultados.
"En el proyecto en la UAI tomamos como base la idea de que no habrá reformas en la medida en que los temas se sigan abordando en el margen. Una reforma integral al Código no sólo es necesaria, sino que también tiene mejores chances de lograr acuerdos.
Prueba de eso son las conversaciones CUT-CPC que lograron avances en varias áreas al mismo tiempo", opina la académica de la UAI, Andrea Repetto. "Ahora es tarea del gobierno convertir estos avances en proyectos de ley para su discusión en el Congreso", añade. Además, hacen alusión al diagnóstico de la Ocde, que en su último informe volvió a insistir -como viene planteando hace años- en la necesidad de eliminar trabas que restan competitividad y eficiencia al mercado laboral chileno.
Entre ellas, citó nuevamente las indemnizaciones por años de servicio (aun cuando una fracción no mayor al 7% de los trabajadores las percibe), la rigidez del salario mínimo y las normas que impiden relaciones laborales modernas.
Donde están los problemas
El 2011 fue bueno en una primera mirada. La creación de empleo subió 2,9%, la fuerza de trabajo aumentó 2,3% y el empleo formal se elevó 5%, nivel al que esa variable crecía previo a la crisis de 2008. Sin embargo, los llamados "colchones duros" de desempleo, es decir, los jóvenes, la mujeres y los trabajadores menos preparados, siguen rezagados con tasas altas.
Los datos del INE alertan sobre el punto. Hoy la tasa de desempleo femenino es de 8,2% o 1,6 punto porcentual mayor a la nacional, mientras que un año atrás era de 1,5 (ver infografía). En el grupo de jóvenes es peor: en el tramo de 20 a 24 años, el desempleo llega a 15,4%, 8,8 puntos porcentuales sobre el total país. Hace un año, esa brecha era de 7,6 puntos porcentuales.
Cabe entonces preguntarse si lo que pasó en 2011 es una mejora estructural o sólo resultado del rebote poscrisis. "Tenemos una baja tasa de empleo en jóvenes y mujeres, los más pobres tienen menores tasas de empleo que los más ricos -diferencia mayor a nuestros países vecinos- y una fracción importante de personas trabaja informalmente", sostiene Huneeus.
Y si bien la tasa de ocupación subió en un año siete décimas hasta 55,8% en octubre-diciembre de 2011, la tasa de participación laboral, de 59,7% en el período, está entre las más bajas de los países Ocde y evidencia que hay por lo menos unos cuatro millones de chilenos que están fuera del mercado. Aún más, la tasa de participación femenina, de apenas 47,8%, persiste como la menor de Latinoamérica.
Los economistas enfatizan que abordar este punto es clave, pues se ha ido generando un fuerte consenso en la profesión de que una de las principales herramientas para combatir la mala distribución del ingreso, sino la mayor, es fomentar la generación de empleo para los grupos más desposeídos.
De hecho, así lo plantean en su reciente libro sobre la materia Huneeus y Andrés Velasco. "Aumentar la cantidad de personas en los grupos vulnerables que trabajan puede bajar el coeficiente de Gini hasta en cuatro puntos y la desigualdad a casi la mitad", dice uno de los principales pasajes del texto de estos economistas.
Y una muestra importante de eso ya se estaría notando con la mejora que ha tenido el empleo en los últimos dos años, según da cuenta un estudio que acaba de realizar la Segpres (ver nota secundaria). Pero no es todo. "La calidad del trabajo asalariado no es la mejor y la proporción de empleo por cuenta propia aún es alta para el tamaño del país, lo que da cuenta de que el mercado formal no da abasto.
Las relaciones laborales están lejos de los estándares internacionales", añade Castro. De hecho, aunque el empleo por cuenta propia disminuyó 2,6% frente a 2010, sigue explicando el 20% de la ocupación total del país. "El mercado de mujeres y jóvenes está muy distorsionado por malas regulaciones.
Tenemos leyes que dificultan y encarecen la creación de puestos de trabajo, como el artículo 203 de salas cuna, las indemnizaciones y la rigidez del salario mínimo. Son temas que se discuten hace años, difíciles, pero hay que abordarlos", opina Cecilia Cifuentes, experta de Libertad y Desarrollo (LyD).
¿Y el Ejecutivo?
Si bien no adoptó un compromiso de reforma laboral, el programa de gobierno de Sebastián Piñera sí
se pronunció respecto de la importancia de modificar la legislación y de las anomalías del mercado
chileno.
"Es necesario aumentar la participación laboral y mejorar la calificación de nuestra fuerza de trabajo. No puede ser que aproximadamente un millón de personas que debieran participar en el mercado laboral continúen siendo excluidas por las restricciones que la legislación y la carencia de políticas adecuadas originan", cita el texto.
"Nos proponemos corregir las limitaciones que dificultan las oportunidades de trabajo, especialmente de los jóvenes y las mujeres (... ). Los gobiernos de la Concertación con sus políticas han dificultado la creación de puestos de trabajo", añade.
Pese a ello, y aun cuando el diagnóstico académico está, la CUT y la CPC logran acuerdos, y el espacio público existe, el gobierno se resiste a abrir el debate, argumentando lo polémico que resulta, cuestiona Castro. Distinto al tema tributario, donde sí tuvo la disposición de avanzar, aun cuando también hay posiciones encontradas y ni en sus propias filas existe acuerdo.
La ministra del Trabajo, Evelyn Matthei, ha argumentado que el punto radica en la imposibilidad de
lograr consensos -incluso en las filas oficialistas- y en la inviabilidad política que eso significa.
No así, en cambio, para avanzar en cambios puntuales al Código Laboral.
Pero Repetto, Castro y Huneeus discrepan y creen que es justamente un plan de cambios segmentados
lo que dificulta acunar consenso para un cambio global. "Hay bastante acuerdo sobre la necesidad urgente de reformas laborales, pero con esta estrategia de reformas en el margen es improbable llegar a un acuerdo, porque el espacio de negociación es limitado", sostiene Repetto.
Cifuentes es de la opinión de que si el gobierno tiene interés de buscar el espacio político y legislativo para regular en temas como el uso de multi RUT o como lo hizo con la creación del posnatal parental, debiera abrirse a un debate de más largo vuelo y atreverse con reformas significativas en materia de indemnizaciones, negociación colectiva y sindicalización.
"Hay mucho estudio de campo, buenas investigaciones, trabajos con una mirada transversal valiosa y un buen piso técnico. Es una oportunidad que no se debiera desaprovechar", agrega Castro.
Huneeus lo comparte: "Uno de los indicadores para medir el pulso laboral es el desempleo y, según éste, Chile pasa por muy buen momento. Pero este indicador es incompleto, pues no considera tres factores: tasa de empleo, tipo de empleo y su distribución. Tenemos falencias importantes en los tres aspectos".
Pese a esta batería de argumentos, Castro es pesimista sobre que se abra la discusión: "Es muy difícil ir contra las cuentas políticas", dice.