El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, no descartó este jueves que la institución renuncie a los intereses de las obligaciones griegas en su posesión, después de que el FMI lo presionara para que participe en el plan de reducción de la deuda de Atenas.
Con el objetivo de reducir la deuda pública griega del 160% actual a un 120% de su PIB en 2020, actualmente está en negociación la eliminación de 100.000 millones de euros de esa deuda en manos de bancos y fondos de inversión.
Para condonar esa cantidad, esas entidades borrarán hasta el 70% del valor de sus carteras de deuda griega.
En este contexto, el BCE, que tendría unos 45.000 millones de euros de bonos públicos griegos, ha sido presionado para que renuncie también a una parte del monto que Atenas le debe.
Draghi manifestó su oposición a llegar a un apaño por el que el BCE renunciaría a una parte del dinero que le debe Grecia porque esto equivaldría a financiar a un Estado miembro del euro y eso lo prohíben los tratados europeos.
"La idea de que el BCE podría poner dinero en el programa (de ayuda a Grecia) sería una violación de la prohibición de financiar" a los Estados, recalcó.
Sin embargo, Draghi matizó que el BCE sí podría renunciar a los beneficios que obtenga de esos bonos griegos.
"Si el BCE redistribuye una parte de sus beneficios a los Estados miembros del BCE (..) no se trata de financiación monetaria" de los Estados, una opción prohibida por los tratados europeos, dijo Draghi.
Draghi añadió que participará en la reunión de este jueves por la tarde de los ministros de Finanzas de la Eurozona. Estos analizarán el desbloqueo del segundo rescate de Grecia, de 130.000 millones de euros.
La concesión del paquete de ayuda parece haber quedado despejada por el acuerdo del gobierno griego sobre el paquete de medidas exigido a cambio del rescate.