En 1992 era una unión monetaria integrada por 15 Estados. A los dos años, en tanto los déficits presupuestarios crecían en forma descontrolada, la hiperinflación reinaba y las economías decaían, en la Unión Soviética no quedaban más que dos miembros de la zona rublo.
Mientras los políticos griegos amenazan con violar las condiciones acordadas para el rescate del país con los prestamistas internacionales, España pide ayuda financiera y los países del norte de Europa se resisten a financiar al sur, los historiadores se preguntan si la región del euro está a punto de enfrentar un éxodo similar. Ellos adoptan una visión de la crisis de la Unión Europea a más largo plazo que los economistas, y es mucho más sombría.
La experiencia soviética nos dice que “una salida como ésta es desastrosa y lleva a una pérdida del ingreso y a inflación”, dijo Harold James, profesor de historia en la Universidad de Princeton entre cuyos libros figura “El fin de la Globalización: lecciones de la Gran Depresión”. “No es, de ninguna manera, una analogía atractiva porque todos los Estados de la Unión Soviética tuvieron problemas graves durante todos los años Noventa”.
Si bien las diferencias entre la Unión Soviética y la UE son mayores que sus similitudes, hay paralelos que pueden resultar útiles para evaluar la crisis de la deuda, dicen los historiadores. Ambas fueron construcciones de posguerra creadas en respuesta a un trauma colectivo; en ambos casos, la generación fundadora estaba agotándose cuando golpeó la crisis y surgió la amenaza de desintegración.
VINCULO OLVIDADO
“Tanto la Unión Soviética como la Unión Europea perdieron una generación que recordaba qué era la unión, un sentimiento de experiencia colectiva”, dijo por teléfono desde Viena Ivan Krastev, presidente del Centro de Estrategias Liberales en Sofía. “La Unión Soviética se formó después de la Primera Guerra Mundial y la UE después de la Segunda. Por lo menos los soviéticos tenían un idioma común”, aseveró.
La visión que unió a los Estados de la Unión Soviética fue el Comunismo. Cuando ese principio fundador fue puesto en tela de juicio, en parte por el advenimiento de la democracia en los ex satélites de Europa del este después de la caída del Muro de Berlín en 1989, la fe en el gobierno central soviético se evaporó.
La salida de Grecia del bloque del euro asestaría un golpe a la razón de ser de la UE, tal como está establecida en el Tratado de Roma fundante de 1957, de “echar los cimientos de una unión cada vez más estrecha”, dijo Mark Mazower, director del Centro de Historia Internacional de la Universidad de Columbia en Nueva York y autor de “Dark Continent: Europe’s Twentieth Century”.
“La UE fue impulsada por una visión ideológica de la elite”, dijo Mazower, que también ha escrito libros sobre la crisis económica de Grecia de entreguerras y la ocupación nazi en el país. “En cuanto cierta visión ideológica del futuro es desmentida por los hechos, hay un problema. Esa pérdida de confianza en la ideología fue devastadora para la Unión Soviética”, añadió.
La lección para la UE es que debería mirar atentamente qué está haciendo Alemania, y desconfiar de las exigencias de una eurozona más pequeña, o de una “Europa de dos velocidades”, manifestó Krastev. Las uniones no se fragmentan por problemas en los países periféricos, se fragmentan desde el núcleo, agregó.
“La desintegración no se produce porque alguien quiera seguir su propio camino”, dijo Krastev en el laboratorio de ideas en Bulgaria. “Se produce porque los políticos consideran una unión más estrecha, óptima. La crisis ya está reduciendo las fronteras de la solidaridad. Se renegociará el espacio de la UE”.