*

Deportes
Compartida
Actualizado el 03/10/2017
Estás leyendo:Niños a los combos

Niños a los combos

Autor: Augusto Catoia

Luis Cruzat tiene 16 años. Kim-Berly Sandoval, 15. Son dos de los menores de edad que estos días compiten a puñetazos en Santiago. Un polémico deporte que practican con protección y comenzaron a muy temprana edad con el aval de sus padres.

Niños a los combos

En el ring del CEO II, Chile garantizó al menos dos platas más para su medallero en los Suramericanos de la Juventud. Luis Cruzat, sobrino del ex campeón mundial Carlos Cruzat, venció la semifinal del peso hasta 57 kilogramos ante el boliviano Elio Anglaril, por fallo unánime, mientras Kim-Berly Sandoval superó a la colombiana Sheesly Cruz en el peso hasta 50 kilos femenino también por decisión unánime. Dos menores de edad, 16 años él, 15 ella, que llevan librando su carrera a puñetazos. Dos prometedores nombres que se desenvuelven en un duro deporte en el cual la niñez y adolescencia se mezclan con los golpes.

Cruzat, heredero de una tradición familiar con los guantes, peleó su primer combate a los ocho años. Algunos parten más tarde, a los 16 o 18, pero es maciza la cantidad de púgiles que se suben al ring desde muy temprano.

En sus combates, el boxeo del certamen se diferencia de una cita olímpica en el nivel técnico, el uso de protectores de cabeza, la edad de los contrincantes y la duración, de tres rounds de dos minutos. Pero los golpes por una medalla son implacables y rápidos como los puños que buscan una presea del Olimpo, a pesar de que se suban al ring jovencitos menores de 18. El público rugió con cada cruzado, gancho y jab de los chilenos en el cuadrilátero.

Sin embargo, ¿no es preocupante que un niño practique un deporte agresivo como el boxeo, y que un hijo le diga a sus padres que quiere practicarlo?

“Yo lo encuentro duro y me da miedo que le peguen, que le saquen sangre o que ella pegue. Estoy un poco angustiada”, dice Sandra Sandoval antes de la pelea de su sobrina Kim-Berly. Pero su hermana Jacqueline, madre de la nacional que compite desde los ocho años, responde: “Yo la llevé y todo comenzó como un juego, porque practicaba boxeo para bajar de peso y no tenía dónde dejarla. Y hoy es como un baile para ella. Hay futbolistas que han muerto en la cancha y ciclistas también. Y esto no es llegar y jugar, implica trabajo y dedicación”.

Su hija medallista, con 24 victorias y dos derrotas, plantea: “Me habría gustado empezar aún más joven, a entrenar a los cinco o siete años. Y mis ejemplos Miguel Véliz, Natalia Matus y Roxana Farías nunca han tenido consecuencias negativas por boxear. Depende de cómo uno se proteja”.

“En el pugilismo profesional el objetivo es derribar al oponente, pero en el olímpico son los puntos. Y si un juvenil es demasiado superior al otro, se detiene la pelea y se declara nocáut técnico”, plantea Juan Cabezas, árbitro y juez de boxeo.

De hecho, Luis Junior Cruzat venció de esa manera su segundo combate, a los ocho años. “Como niño nuevo uno entra con todo, no tenía el control que se va adquiriendo con la experiencia y la técnica. Y los nervios y el miedo están, pero uno se prepara para esto y eso es lo que te da la seguridad. Otra cosa es competir sin entrenar”, dice el púgil, que dedica cuatro horas al día para prepararse.

Su padre tocayo se alegró de que su hijo quisiera seguir ese camino, pues a los dos años el pequeño hacía sombras en pañales por la calle. Y su madre, María Cornejo, considera que pelear tan chico sería preocupante “si hubiese sido como antiguamente, sin cabezales y con guantes incorrectos, donde incluso se daba que uno se cayera. Pero ahora hay reglas y todo está más protegido”.

“El boxeo olímpico es marcación de puntos y no la necesidad de pegar fuerte como antes. El profesional debe dar espectáculo, con medio quilo de gasa en las manos, y acá es una camiseta que se defiende con artículos técnicos y tácticos. Hoy vale el golpe fuerte, mediano o liviano, las habilidades. Y si bien es un deporte rudo, a temprana edad el niño tiene su cuerpo dócil para poder realizar las cosas que se le pidan”, sostiene Robinson Villarroel, presidente de la Federación chilena de boxeo.

Por su parte, el head coach nacional Jesús Martínez dice: “Me preocupa que en Chile no empiecen a boxear a los 12. Hay habilidades que después se hace tarde desarrollarlas y que deben llevarse adelante con un pedagogo bien preparado. Debes tener cuidado con el guanteo y enfrentar niños de la misma edad”.

Cruzat plantea: “Soy otra persona en el ring, soy más rudo”. Y este miércoles se verá si la rudeza de Cruzat, Sandoval y del boxeo darán dos oros más para Chile.

ninos2

Papel digital