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Opinión
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Actualizado el 02/09/2017
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Si no ayuda, mata…

Autor: Ricardo Hepp

Hay adjetivos que están al servicio de una buena información, porque permiten expresar una cualidad de la cosa designada y enriquecen el texto cuando se desea transmitir emociones. Pero, hay también adjetivos innecesarios, que no contribuyen a la construcción periodística.

El lector Fernando Alfonso M. considera que “adjetivar implica opinar y el texto del diario pierde objetividad”. Considera que los periodistas acuden con mucha frecuencia a los adjetivos y, a veces, a sus superlativos, que no siempre emplean correctamente. Cita una serie de ejemplos -como fortísimo y antigüísimo- y, finalmente, pregunta:” ¿es tan necesario adjetivar?”.

No es indispensable. Consiste en aplicar adjetivos a sustantivos o, también, dar función de adjetivo a una parte de la oración. Desde luego, favorece la opinión, porque el redactor puede añadir diferentes matices. Pero, hay periodistas que los usan, incluso con superlativos que son innecesarios. “Antes de publicar un texto hay que sacudirlo para que se caigan los adjetivos”, sostenía con humor Alfredo Pacheco, un antiguo Premio Nacional de Periodismo.

La Fundación del Español Urgente, que proporciona criterios uniformes del español en los medios, recordó en fecha reciente que algunos adjetivos admiten dos formas superlativas, que suelen confundir a la hora de escribir. Por ejemplo, “fuerte”, que cita el lector, puede formar “fuertísimo” (más popular) o “fortísimo” (más culto). También “antiguo” permite los superlativos “antiquísimo” o “antigüísimo”; y hay otros, como “pobrísimo” y “paupérrimo”; “ciertísimo” y “certísimo”; y “nuevísimo” y “novísimo”. Todas son formas correctas. Existen otros adjetivos, como arduo, necio y sombrío, que solo forman su superlativo con el adverbio muy: “un jardín muy sombrío”.

Los dos ejemplos que indica el lector Alfonso son correctos. Pero, en muchas informaciones encontramos adjetivaciones que, si bien son apropiadas, hay que emplearlas cuando corresponda y sin exageraciones.

Y, una breve mención al poeta chileno Vicente Huidobro, que en un verso se refiere al adjetivo, que vale la pena tener en cuenta. En su obra “El espejo de agua” (1916) apuntó: “(…) inventa mundos nuevos / y cuida tu palabra; / el adjetivo, cuando no da vida, mata (…)”.

¿Habrá visas?
El lector Samuel Barros señala que en una viñeta de humor de Hervi se publicó, en alusión a los recientes temporales, la siguiente lectura: “¿Esto será por nuestras visas temporales? ¿No habrán visas nublado variando a parcial?”.

El dibujo, como siempre, impecable. Claro que, como ya se ha dicho en este espacio, hay que tener cuidado con el mal uso del verbo haber como impersonal. El error es frecuente tanto en el lenguaje hablado como escrito. Aparece en frases como “en septiembre habrán dos días de fiesta”.

¿Por qué habrá y no habrán? Porque “dos días de fiesta” no es el sujeto del verbo haber, sino su complemento directo. Lo demuestra el hecho de que se puede sustituir por el pronombre lo/ la/ los/ las: “este mes los habrá”. Como el verbo no va acompañado por un sujeto, permanecerá invariablemente en singular, aunque el complemento sea singular o plural. La lectura de la viñeta debió decir “¿no habrá visas nublado variando a parcial?”.

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