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Actualizado el 26/04/2016
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Nueva Constitución

Autor: La Tercera


Señor director:

Invito a todas las empresas que realicen encuestas de opinión pública, a que antes de preguntar sobre la necesidad de una nueva Constitución, consulten: “¿Ha leído la Constitución actual? ¿La comprende con claridad?”

Garantizo que los resultados serán sorprendentes.

Francisco Damiano

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Murió el 19 de mayo, en Fryazino, un suburbio de Moscú. Así partió, en el más absoluto anonimato, al punto de que recién esta semana se supo de su deceso. Ello, pese a que el ex teniente coronel soviético Stanislav Petrov, literalmente, fue el hombre que evitó una eventual Tercera Guerra Mundial.

La noticia de su muerte se hizo pública gracias al activista alemán Karl Schumacher, el mismo que ayudó a que la historia de su heroísmo alcanzara reconocimiento mundial hace casi dos décadas. El 7 de septiembre, Schumacher, quien se mantenía en contacto con Petrov cada cierto tiempo, lo llamó para desearle un feliz cumpleaños, pero al otro lado de la línea apareció el hijo del ex oficial, Dmitry, quien le informó de su deceso. Según The New York Times, la razón fue una neumonía hipostática.

Stanislav Yevgrafovich Petrov nació el 7 de septiembre de 1939, cerca de Vladivostok. Su padre había sido piloto de guerra durante la Segunda Guerra Mundial y su madre enfermera. Luego de estudiar en una universidad técnica de la Fuerza Aérea Soviética en Kiev, se unió a las Fuerzas de Defensa Aérea, donde rápidamente escaló posiciones. De esta manera, a comienzos de los 70 fue asignado al sistema de alerta temprana.

El 26 de septiembre de 1983 fue el día que marcó para siempre la vida de Petrov. Para entonces el oficial soviético estaba de servicio en Serpukhov-15, un búnker secreto a las afueras de Moscú donde se coordinaba la defensa aeroespacial de la URSS. Su trabajo era tan simple como importante: realizar un seguimiento de Oko, el sistema de alerta temprana de la Unión Soviética para detectar un posible ataque nuclear de parte de Estados Unidos.

A las 00.14 de ese 26 de septiembre un satélite dio la alarma: el Pentágono había lanzado un misil balístico intercontinental desde una base de Montana. Alcanzaría la URSS en 20 minutos. “La sirena aulló, pero me senté allí durante unos segundos, mirando la pantalla roja, grande, retroiluminada con la palabra ‘lanzamiento’ brillando en ella”, dijo Petrov a la BBC en 2013. “Un minuto más tarde la sirena sonó de nuevo. El segundo misil había sido lanzado. Entonces la tercera y la cuarta y la quinta. Las computadoras cambiaron de alertas de ‘lanzamiento’ a ‘ataque con misil’”, recordó.

“Estaba paralizado. Durante unos segundos no sabía qué hacer”, reconoció Petrov, citado por el diario británico Daily Mirror. “Tenía dudas: ¿Por qué un solo misil? Lo normal sería que el ataque fuera total, motivo por el que siguió sospechando que se trataba de un error. “Estaba 50/50 en cuanto a si era una alarma real o falsa”, comentó.

Petrov solo contaba con 15 minutos para avisar al Kremlin de lo que estaba pasando, después de lo cual el gobierno tenía otros 15 minutos para decidir si activaba las medidas de represalia. Pero el oficial soviético tenía un presentimiento, “una sensación de cosquilleo en mi intestino”, recordaría más tarde. “En esta situación, decidí que tal vez sería mi error, pero yo no quería empezar la Tercera Guerra Mundial”, señaló.

Petrov llamó entonces al oficial de guardia en el cuartel general del Ejército soviético y reportó una falla en el sistema. “Veintitrés minutos más tarde me di cuenta de que no había pasado nada. Si hubiera habido un ataque real, entonces yo lo hubiera sabido. Fue un gran alivio”, dijo a la BBC. Los satélites soviéticos habían confundido los rayos de sol reflejados en las nubes con el motor de supuestos misiles.

Aunque al principio sus superiores alabaron su acción, Petrov no recibió ningún reconocimiento. Al contrario, el mando militar soviético, avergonzado por el fallo de los sistemas, lo utilizó como chivo expiatorio y lo reprendió por no haber completado el papeleo de rutina durante el incidente. Se retiró un año después.

Nadie tuvo noticia de su hito antes de 1998, cuando el diario alemán Bild publicó una entrevista con el superintendente de Petrov, el coronel Yury Votintsev, en la que este se refirió a su hazaña.

Karl Schumacher, quien leyó el artículo, decidió visitar a Stanislav e invitarlo a Alemania, país donde concedió entrevistas a diversos medios y alcanzó la fama mundial.

Petrov fue condecorado por varias organizaciones, entre ellas la Association of World Citizens, que en 2006 lo reconoció como “la persona que previno la guerra nuclear”. En 2014 el documental “El hombre que salvó el mundo”, protagonizada por Kevin Costner, reconstruyó su hazaña. Según la agencia rusa Sputnik, el actor estadounidense envió unos US$ 500 a Petrov como “recompensa” por haber tomado una decisión correcta. “No soy un héroe. Yo estaba en el lugar correcto en el momento adecuado”, retrucó el oficial soviético.

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Murió el 19 de mayo, en Fryazino, un suburbio de Moscú. Así partió, en el más absoluto anonimato, al punto de que recién esta semana se supo de su deceso. Ello, pese a que el ex teniente coronel soviético Stanislav Petrov, literalmente, fue el hombre que evitó una eventual Tercera Guerra Mundial.

La noticia de su muerte se hizo pública gracias al activista alemán Karl Schumacher, el mismo que ayudó a que la historia de su heroísmo alcanzara reconocimiento mundial hace casi dos décadas. El 7 de septiembre, Schumacher, quien se mantenía en contacto con Petrov cada cierto tiempo, lo llamó para desearle un feliz cumpleaños, pero al otro lado de la línea apareció el hijo del ex oficial, Dmitry, quien le informó de su deceso. Según The New York Times, la razón fue una neumonía hipostática.

Stanislav Yevgrafovich Petrov nació el 7 de septiembre de 1939, cerca de Vladivostok. Su padre había sido piloto de guerra durante la Segunda Guerra Mundial y su madre enfermera. Luego de estudiar en una universidad técnica de la Fuerza Aérea Soviética en Kiev, se unió a las Fuerzas de Defensa Aérea, donde rápidamente escaló posiciones. De esta manera, a comienzos de los 70 fue asignado al sistema de alerta temprana.

El 26 de septiembre de 1983 fue el día que marcó para siempre la vida de Petrov. Para entonces el oficial soviético estaba de servicio en Serpukhov-15, un búnker secreto a las afueras de Moscú donde se coordinaba la defensa aeroespacial de la URSS. Su trabajo era tan simple como importante: realizar un seguimiento de Oko, el sistema de alerta temprana de la Unión Soviética para detectar un posible ataque nuclear de parte de Estados Unidos.

A las 00.14 de ese 26 de septiembre un satélite dio la alarma: el Pentágono había lanzado un misil balístico intercontinental desde una base de Montana. Alcanzaría la URSS en 20 minutos. “La sirena aulló, pero me senté allí durante unos segundos, mirando la pantalla roja, grande, retroiluminada con la palabra ‘lanzamiento’ brillando en ella”, dijo Petrov a la BBC en 2013. “Un minuto más tarde la sirena sonó de nuevo. El segundo misil había sido lanzado. Entonces la tercera y la cuarta y la quinta. Las computadoras cambiaron de alertas de ‘lanzamiento’ a ‘ataque con misil’”, recordó.

“Estaba paralizado. Durante unos segundos no sabía qué hacer”, reconoció Petrov, citado por el diario británico Daily Mirror. “Tenía dudas: ¿Por qué un solo misil? Lo normal sería que el ataque fuera total, motivo por el que siguió sospechando que se trataba de un error. “Estaba 50/50 en cuanto a si era una alarma real o falsa”, comentó.

Petrov solo contaba con 15 minutos para avisar al Kremlin de lo que estaba pasando, después de lo cual el gobierno tenía otros 15 minutos para decidir si activaba las medidas de represalia. Pero el oficial soviético tenía un presentimiento, “una sensación de cosquilleo en mi intestino”, recordaría más tarde. “En esta situación, decidí que tal vez sería mi error, pero yo no quería empezar la Tercera Guerra Mundial”, señaló.

Petrov llamó entonces al oficial de guardia en el cuartel general del Ejército soviético y reportó una falla en el sistema. “Veintitrés minutos más tarde me di cuenta de que no había pasado nada. Si hubiera habido un ataque real, entonces yo lo hubiera sabido. Fue un gran alivio”, dijo a la BBC. Los satélites soviéticos habían confundido los rayos de sol reflejados en las nubes con el motor de supuestos misiles.

Aunque al principio sus superiores alabaron su acción, Petrov no recibió ningún reconocimiento. Al contrario, el mando militar soviético, avergonzado por el fallo de los sistemas, lo utilizó como chivo expiatorio y lo reprendió por no haber completado el papeleo de rutina durante el incidente. Se retiró un año después.

Nadie tuvo noticia de su hito antes de 1998, cuando el diario alemán Bild publicó una entrevista con el superintendente de Petrov, el coronel Yury Votintsev, en la que este se refirió a su hazaña.

Karl Schumacher, quien leyó el artículo, decidió visitar a Stanislav e invitarlo a Alemania, país donde concedió entrevistas a diversos medios y alcanzó la fama mundial.

Petrov fue condecorado por varias organizaciones, entre ellas la Association of World Citizens, que en 2006 lo reconoció como “la persona que previno la guerra nuclear”. En 2014 el documental “El hombre que salvó el mundo”, protagonizada por Kevin Costner, reconstruyó su hazaña. Según la agencia rusa Sputnik, el actor estadounidense envió unos US$ 500 a Petrov como “recompensa” por haber tomado una decisión correcta. “No soy un héroe. Yo estaba en el lugar correcto en el momento adecuado”, retrucó el oficial soviético.

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Murió el 19 de mayo, en Fryazino, un suburbio de Moscú. Así partió, en el más absoluto anonimato, al punto de que recién esta semana se supo de su deceso. Ello, pese a que el ex teniente coronel soviético Stanislav Petrov, literalmente, fue el hombre que evitó una eventual Tercera Guerra Mundial.

La noticia de su muerte se hizo pública gracias al activista alemán Karl Schumacher, el mismo que ayudó a que la historia de su heroísmo alcanzara reconocimiento mundial hace casi dos décadas. El 7 de septiembre, Schumacher, quien se mantenía en contacto con Petrov cada cierto tiempo, lo llamó para desearle un feliz cumpleaños, pero al otro lado de la línea apareció el hijo del ex oficial, Dmitry, quien le informó de su deceso. Según The New York Times, la razón fue una neumonía hipostática.

Stanislav Yevgrafovich Petrov nació el 7 de septiembre de 1939, cerca de Vladivostok. Su padre había sido piloto de guerra durante la Segunda Guerra Mundial y su madre enfermera. Luego de estudiar en una universidad técnica de la Fuerza Aérea Soviética en Kiev, se unió a las Fuerzas de Defensa Aérea, donde rápidamente escaló posiciones. De esta manera, a comienzos de los 70 fue asignado al sistema de alerta temprana.

El 26 de septiembre de 1983 fue el día que marcó para siempre la vida de Petrov. Para entonces el oficial soviético estaba de servicio en Serpukhov-15, un búnker secreto a las afueras de Moscú donde se coordinaba la defensa aeroespacial de la URSS. Su trabajo era tan simple como importante: realizar un seguimiento de Oko, el sistema de alerta temprana de la Unión Soviética para detectar un posible ataque nuclear de parte de Estados Unidos.

A las 00.14 de ese 26 de septiembre un satélite dio la alarma: el Pentágono había lanzado un misil balístico intercontinental desde una base de Montana. Alcanzaría la URSS en 20 minutos. “La sirena aulló, pero me senté allí durante unos segundos, mirando la pantalla roja, grande, retroiluminada con la palabra ‘lanzamiento’ brillando en ella”, dijo Petrov a la BBC en 2013. “Un minuto más tarde la sirena sonó de nuevo. El segundo misil había sido lanzado. Entonces la tercera y la cuarta y la quinta. Las computadoras cambiaron de alertas de ‘lanzamiento’ a ‘ataque con misil’”, recordó.

“Estaba paralizado. Durante unos segundos no sabía qué hacer”, reconoció Petrov, citado por el diario británico Daily Mirror. “Tenía dudas: ¿Por qué un solo misil? Lo normal sería que el ataque fuera total, motivo por el que siguió sospechando que se trataba de un error. “Estaba 50/50 en cuanto a si era una alarma real o falsa”, comentó.

Petrov solo contaba con 15 minutos para avisar al Kremlin de lo que estaba pasando, después de lo cual el gobierno tenía otros 15 minutos para decidir si activaba las medidas de represalia. Pero el oficial soviético tenía un presentimiento, “una sensación de cosquilleo en mi intestino”, recordaría más tarde. “En esta situación, decidí que tal vez sería mi error, pero yo no quería empezar la Tercera Guerra Mundial”, señaló.

Petrov llamó entonces al oficial de guardia en el cuartel general del Ejército soviético y reportó una falla en el sistema. “Veintitrés minutos más tarde me di cuenta de que no había pasado nada. Si hubiera habido un ataque real, entonces yo lo hubiera sabido. Fue un gran alivio”, dijo a la BBC. Los satélites soviéticos habían confundido los rayos de sol reflejados en las nubes con el motor de supuestos misiles.

Aunque al principio sus superiores alabaron su acción, Petrov no recibió ningún reconocimiento. Al contrario, el mando militar soviético, avergonzado por el fallo de los sistemas, lo utilizó como chivo expiatorio y lo reprendió por no haber completado el papeleo de rutina durante el incidente. Se retiró un año después.

Nadie tuvo noticia de su hito antes de 1998, cuando el diario alemán Bild publicó una entrevista con el superintendente de Petrov, el coronel Yury Votintsev, en la que este se refirió a su hazaña.

Karl Schumacher, quien leyó el artículo, decidió visitar a Stanislav e invitarlo a Alemania, país donde concedió entrevistas a diversos medios y alcanzó la fama mundial.

Petrov fue condecorado por varias organizaciones, entre ellas la Association of World Citizens, que en 2006 lo reconoció como “la persona que previno la guerra nuclear”. En 2014 el documental “El hombre que salvó el mundo”, protagonizada por Kevin Costner, reconstruyó su hazaña. Según la agencia rusa Sputnik, el actor estadounidense envió unos US$ 500 a Petrov como “recompensa” por haber tomado una decisión correcta. “No soy un héroe. Yo estaba en el lugar correcto en el momento adecuado”, retrucó el oficial soviético.

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Murió el 19 de mayo, en Fryazino, un suburbio de Moscú. Así partió, en el más absoluto anonimato, al punto de que recién esta semana se supo de su deceso. Ello, pese a que el ex teniente coronel soviético Stanislav Petrov, literalmente, fue el hombre que evitó una eventual Tercera Guerra Mundial.

La noticia de su muerte se hizo pública gracias al activista alemán Karl Schumacher, el mismo que ayudó a que la historia de su heroísmo alcanzara reconocimiento mundial hace casi dos décadas. El 7 de septiembre, Schumacher, quien se mantenía en contacto con Petrov cada cierto tiempo, lo llamó para desearle un feliz cumpleaños, pero al otro lado de la línea apareció el hijo del ex oficial, Dmitry, quien le informó de su deceso. Según The New York Times, la razón fue una neumonía hipostática.

Stanislav Yevgrafovich Petrov nació el 7 de septiembre de 1939, cerca de Vladivostok. Su padre había sido piloto de guerra durante la Segunda Guerra Mundial y su madre enfermera. Luego de estudiar en una universidad técnica de la Fuerza Aérea Soviética en Kiev, se unió a las Fuerzas de Defensa Aérea, donde rápidamente escaló posiciones. De esta manera, a comienzos de los 70 fue asignado al sistema de alerta temprana.

El 26 de septiembre de 1983 fue el día que marcó para siempre la vida de Petrov. Para entonces el oficial soviético estaba de servicio en Serpukhov-15, un búnker secreto a las afueras de Moscú donde se coordinaba la defensa aeroespacial de la URSS. Su trabajo era tan simple como importante: realizar un seguimiento de Oko, el sistema de alerta temprana de la Unión Soviética para detectar un posible ataque nuclear de parte de Estados Unidos.

A las 00.14 de ese 26 de septiembre un satélite dio la alarma: el Pentágono había lanzado un misil balístico intercontinental desde una base de Montana. Alcanzaría la URSS en 20 minutos. “La sirena aulló, pero me senté allí durante unos segundos, mirando la pantalla roja, grande, retroiluminada con la palabra ‘lanzamiento’ brillando en ella”, dijo Petrov a la BBC en 2013. “Un minuto más tarde la sirena sonó de nuevo. El segundo misil había sido lanzado. Entonces la tercera y la cuarta y la quinta. Las computadoras cambiaron de alertas de ‘lanzamiento’ a ‘ataque con misil’”, recordó.

“Estaba paralizado. Durante unos segundos no sabía qué hacer”, reconoció Petrov, citado por el diario británico Daily Mirror. “Tenía dudas: ¿Por qué un solo misil? Lo normal sería que el ataque fuera total, motivo por el que siguió sospechando que se trataba de un error. “Estaba 50/50 en cuanto a si era una alarma real o falsa”, comentó.

Petrov solo contaba con 15 minutos para avisar al Kremlin de lo que estaba pasando, después de lo cual el gobierno tenía otros 15 minutos para decidir si activaba las medidas de represalia. Pero el oficial soviético tenía un presentimiento, “una sensación de cosquilleo en mi intestino”, recordaría más tarde. “En esta situación, decidí que tal vez sería mi error, pero yo no quería empezar la Tercera Guerra Mundial”, señaló.

Petrov llamó entonces al oficial de guardia en el cuartel general del Ejército soviético y reportó una falla en el sistema. “Veintitrés minutos más tarde me di cuenta de que no había pasado nada. Si hubiera habido un ataque real, entonces yo lo hubiera sabido. Fue un gran alivio”, dijo a la BBC. Los satélites soviéticos habían confundido los rayos de sol reflejados en las nubes con el motor de supuestos misiles.

Aunque al principio sus superiores alabaron su acción, Petrov no recibió ningún reconocimiento. Al contrario, el mando militar soviético, avergonzado por el fallo de los sistemas, lo utilizó como chivo expiatorio y lo reprendió por no haber completado el papeleo de rutina durante el incidente. Se retiró un año después.

Nadie tuvo noticia de su hito antes de 1998, cuando el diario alemán Bild publicó una entrevista con el superintendente de Petrov, el coronel Yury Votintsev, en la que este se refirió a su hazaña.

Karl Schumacher, quien leyó el artículo, decidió visitar a Stanislav e invitarlo a Alemania, país donde concedió entrevistas a diversos medios y alcanzó la fama mundial.

Petrov fue condecorado por varias organizaciones, entre ellas la Association of World Citizens, que en 2006 lo reconoció como “la persona que previno la guerra nuclear”. En 2014 el documental “El hombre que salvó el mundo”, protagonizada por Kevin Costner, reconstruyó su hazaña. Según la agencia rusa Sputnik, el actor estadounidense envió unos US$ 500 a Petrov como “recompensa” por haber tomado una decisión correcta. “No soy un héroe. Yo estaba en el lugar correcto en el momento adecuado”, retrucó el oficial soviético.

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