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Actualizado el 07/10/2017
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En campaña con…

Odio y amor con José Antonio Kast

Autor: Tamy Palma Silva

Es un candidato que no deja indiferente a nadie. Pifias, insultos y ovaciones son parte de un día cualquiera de la campaña del más conservador de los ocho presidenciables.

Odio y amor con José Antonio Kast
Foto: Mario Tellez.

Las pifias y risas irónicas retumbaron desde el fondo del salón del edificio Telefónica cuando dijeron su nombre. El diputado José Antonio Kast fue el tercero en ser presentado de los seis candidatos presidenciales que el Hogar de Cristo logró reunir para hablar sobre la infancia y crisis del Sename y a diferencia de sus contendores, el rechazo se sintió antes de que alcanzara siquiera a abrir la boca.

“Quiero pedirles a los que están en las sombras, porque no los veo, que guarden respeto”, dijo sin perder ni su rictus ni la calma, ya acostumbrado a este tipo de situaciones. Las pifias son una constante en los eventos públicos en los que se presenta junto al resto de los presidenciables: le pasó en el debate de la ANP en Valparaíso, y esta semana en la Universidad de Chile donde el propio candidato Eduardo Artés lo trató de “estúpido y fascista” en su cara. El día antes la DC Carolina Goic había afirmado que “Kast es como el Trump chileno”, comentario al que él le bajó el perfil. “Es una caricatura más de alguien que ha tenido bastantes dificultades de instalarse”, dijo. “Además yo soy más buenmozo”, confió entre risas luego en su auto.

Las agresiones verbales parecieran ser un problema menor para el comando porque ha habido otras peores. En julio fue empujado por detractores del “bus de la libertad”. Semanas más tarde fue interceptado por un grupo que lo atacaba por oponerse a la despenalización del aborto en el Tribunal Constitucional. Las dos veces tuvieron que sacarlo rodeado de carabineros mientras él grababa con su celular.

Por eso ahora tres escoltas custodian al diputado que por su cercanía a la derecha más dura y sus posturas conservadoras genera reacciones tan extremas como sus propuestas que esta semana conseguían un cuatro por ciento de respaldo en la encuesta Cadem.

Pero a Kast le gusta provocar. Previo al debate del Hogar de Cristo, fue a la Corte de Apelaciones a presentar una demanda contra la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) por la discriminación arbitraria de Bárbara Figueroa, quien, según él, organizó un debate presidencial sólo con candidatos de izquierda. Ahí con absoluta seriedad, dijo que invocaba la Ley Zamudio “pese a que yo no voté a favor de la Ley Zamudio”.

Aparte de sus tres custodios lo acompañan otras cuatro personas que andan con el merchandising de su campaña -de colores azul y amarillo, los emblemáticos de la UDI- que se miran como esperando una instrucción. Uno de ellos, que pide no identificarse, aclara: “Algunos estamos acá por cuenta propia, otros no. Tenemos que venir con banderitas cuando el candidato habla”.

Tras su intervención el candidato se subió a una van y pidió que apagaran la radio y que no lo interrumpan para poder ordenar sus ideas antes de presentarse en el debate del Hogar de Cristo, al que llegó con casi 15 minutos de atraso. Ahí se le veía sonriente pese a las pifias y complicidad con ME-O hasta que se peleó ásperamente con la candidata del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, a quien le hizo la misma pregunta cinco veces. “Le agradecería que nos diga aquí qué hogar (del Sename) visitó”, decía al tiempo que se paraba y la apuntaba con el dedo, sin dejar hablar a Carolina Goic quien, por su parte, intentaba calmar la tensa situación.

Desde que fue agredido en julio el candidato organiza reuniones y almuerzos privados con adherentes, como el evento que tuvo ese mismo día tras el debate en el centro que hay en el Parque Araucano en Las Condes con cerca de 200 personas con banderitas de Chile y de la campaña de Kast. Ahí, no sólo no hay pifias, sino que hay pasión. La reunión fue organizada principalmente por Claudia Carvajal, cabeza de “Mujeres por Kast”, quienes tienen -según ella- a casi mil mujeres haciendo campaña por el diputado a lo largo de todo Chile. “Con él compartimos los valores por la familia, por el respeto a la vida y con el Estado de derecho”, dice.

El primero en hablar en el evento es Hermógenes Pérez de Arce, quien desde que Kast deslizó la idea de una candidatura, se cuadró públicamente con él. Luego, la señora del candidato, Pía Adriazola, con quien tiene nueve hijos. “A nosotros, gracias a Dios, nos tocó estar en la punta de la flecha”, les dijo a los presentes. Con ella, el candidato independiente tiene los “martes de pololeo” que en la medida que avanza la campaña se ha convertido en cualquier día a la semana en la que comparten un panorama mientras los hijos más chicos quedan al cuidado de los mayores.

En Centro Parque, Kast se desquitó. Fue ovacionado, besuqueado y adorado. Se rió de Beatriz Sánchez, habló de los “resentidos llenos de odio” que lo insultan en la calle y rescató una reflexión que -según explica- han hecho con su esposa: “Chile es un país pacífico. La gente sólo se pone violenta en grupo”.

Esa declaración fue la antesala de algunas ideas maestras de la campaña: enviar fotografías de Kast a los grupos de WhatsApp de amigos, donar dinero a través del Servel y, atención, que cada adherente deje caer pulseras de la campaña en el centro de Santiago, así como un acto casual. Y ahí explica que lo que va a pasar entonces es que cuando la gente vaya caminando y piense que se trata de basura en el suelo, se va a dar cuenta de que no, que es la pulsera de un candidato presidencial que puede ser el suyo. Aplausos.

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