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Actualizado el 18/03/2017
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El olimpo de los atajapenales

Autor: Denís Fernández

Con el contenido a Matías Rodríguez en la fecha anterior, Nicolás Peric (quien ayer sufrió una fractura de costilla y estará fuera de las canchas cerca de un mes), llegó a 18 penales tapados en Primera, igualando la marca de Leopoldo Vallejos. En este mano a mano, los dos mejores especialistas vivos revelan sus recetas de éxito para evitar un gol desde los 12 pasos.

El olimpo de los atajapenales

Nicolás Peric (38) y Leopoldo Vallejos (72) se conocen bien, pero ésta es la primera vez que se saludan en persona. Nadie los había presentado antes. Son arqueros de épocas distintas y de características muy diferentes, pero con dos cosas en común: su histrionismo bajo los tres palos, que a ambos les valió el apelativo de Loco, y su capacidad de convertirse en gigantes a doce pasos de distancia.

Y es que con un registro de 18 penas máximas contenidas en el campeonato doméstico, el ex cancerbero de Universidad Católica y Unión Española, entre otros equipos, y el actual guardameta de Audax Italiano, comparten la segunda posición en la clasificación histórica de atajapenales de Primera (ver tabla). En lo más alto del podio continúa figurando Daniel Chirinos (legendario arquero audino de la década de los 40 y los 50, ya fallecido), quien con 29 gritos de gol ahogados sigue siendo, a la luz de las estadísticas, el mejor especialista criollo frente al punto fatídico.

Por eso hoy, en esta soleada tarde floridana (48 horas antes de que Peric sufra una desafortunada fractura de costilla que habrá de mantenerlo alejado de los terrenos de juego por espacio de un mes), el Loco y el Polo se citan en el reducto itálico. De algún modo, la casa de ambos. Porque si hay algo que tienen en común los tres arqueros chilenos con mayor número de disparos atajados desde el punto de castigo (Chirinos, Vallejos y el propio Peric), es que en algún momento vistieron la camiseta de Audax. “Eso lo que quiere decir es que a Audax siempre le cobran muchos penales en contra. Siempre nos están matando”, dispara Nico Peric, con un punto de sarcasmo, abriéndose paso entre las hordas de jóvenes futbolistas del cuadro de colonia que a esa hora se dan cita en el Bicentenario de La Florida. Y Vallejos estalla en una sonora carcajada.

Mientras camina sobre el césped sintético del estadio, Polo, que además del arquero de Audax en 1982 fue el golero titular de la Roja en el Mundial de Alemania, ocho años antes, no deja de recibir tampoco muestras de afecto. Su virtuosismo con los pies -y ese estilo muchas veces temerario a la hora de enfrentar a los atacantes- marcaron toda una época. “La verdad que me sorprende haber atajado 18 penales, porque me acuerdo de un puro penal que atajé, que fue en la Copa Libertadores, en Bolivia. Salimos vicecampeones y lo pude atajar porque me caí hacia ese lado. Es el único penal del que me acuerdo”, proclama el ex seleccionado, cuya cabellera completamente negra, a los 72 años, genera algunas suspicacias entre sus múltiples ex colegas del fútbol.

Sentados en una de las tribunas del estadio, ataviados ambos con lentes de sol oscuros y con el arco sur de La Florida como telón de fondo, comienza su disertación. “Estaría bueno saber el promedio, cuántos de los que nos patearon hemos atajado, aunque 18 es un número interesante. Porque, ¿el penal desviado no cuenta como atajado, no?”, reflexiona Peric en voz alta. Y Polo secunda su moción: “Los desviados deberían contar como atajados porque estás tú, el arquero, y eres tú el que asusta al lanzador”.

Estrategias a doce pasos

Fue el pasado domingo, ante Universidad de Chile, cuando Nicolás Peric contuvo su último penal, el que le permitió superar al legendario Sergio Livingstone en la tabla histórica de guardametas con más penas máximas atajadas. Corría el minuto 79 de partido y el conjunto laico vencía por 0-2 cuando Matías Rodríguez situó el esférico a doce pasos de distancia para sentenciar la contienda. “El problema es que yo no había visto a Matías patear, pero siento que se preocupó de lo que yo estaba haciendo y logré sacarlo un poco del foco”, rememora el capitán de Audax. Y funcionó. El lanzamiento del argentino, demasiado centrado, terminó muriendo en las manos del meta talquino. “Yo creo que él no llegó a pegarle cómo quería, que no fue eso lo que él quiso hacer, pero ahí está la ganancia del arquero”, agrega.

Y es que aunque existen numerosos métodos, artimañas y técnicas que los porteros ponen en práctica para tratar de amedrentar a sus adversarios, si hay un recurso realmente redundante, un elemento del que muy pocas veces adolece el comportamiento de un arquero ante un lanzamiento penal, ése es, sin lugar a dudas, el de la provocación. Un arte en el que Nico Peric es alumno avanzado. “Yo no le llamaría provocación, es más bien tratar de incomodar, poder generarle al lanzador alguna incertidumbre sobre lo que está haciendo. Yo el otro día (contra la U) me soltaba los guantes, hacía como que me los iba a sacar y hubo un tipo que dijo después que esas cosas le parecían una payasada, que era poco serio. Pero ahí ves lo poco serio que era, eso terminó resolviendo una situación a mi favor”, explica, antes de agregar: “Es todo un juego en que el arquero tiene mucho que ganar y poco que perder y que te puede servir para sacar alguna ventaja”.

Pero no sólo el lenguaje gestual puede condicionar el resultado de un lanzamiento. También el verbal suele tener su efecto. “Siempre se le dice algo al delantero. Siempre. Yo siempre los estaba molestando. Yo recuerdo que le decía a alguno: ‘Hombre, si tú no le sabes pegar, ¿para qué vas a patear?’ Y me echaba garabatos y me sacaba la madre y todo ese tipo de cosas. Pero a veces funcionaba”, rememora Leopoldo Vallejos, entre risas. Y Peric contraataca: “Yo recuerdo uno con el Seba Jaime. Yo fui compañero suyo en Argentinos Juniors y una vez yo estaba jugando por Rangers en el Estadio de Santa Laura y le decía: ‘Yo sé dónde le vai a pegar. No lo patees tú, que lo patee otro, que yo sé dónde le vai a pegar’. Y era todo mentira, mentira. Pero a él le entró esa duda, yo me quedé parado y él le pegó al medio”.

Pero cuál es la receta de los verdaderos atajapenales. Vallejos entrega algunas pistas:“Normalmente los penales van al lado derecho o al lado izquierdo, más al lado derecho. Entonces, en el caso mío, yo siempre que me iban a tirar un penal, le estaba amagando para el otro lado, cargaba con todo para un lado y me tiraba para el otro. Y normalmente atajaba alguno. Uno cada diez, pero alguno atajaba. Porque yo creo que un arquero no se tira a adivinar, piensa que va a ir hacia ese lado y se la juega a ese lado. Y tiene una ventaja, que puede esperar hasta el último momento”.

Y Peric, que escucha las explicaciones del maestro con suma atención, complementa al respecto: “ Yo creo que es pura intuición. Creo que el arquero tiene ese sentido más desarrollado. Y ahora además se trabaja mucho con videos. Y los cuatro últimos penales que lanzó cada equipo tú los revisas y puedes estudiar cómo le pega el jugador. Eso ayuda mucho. Hay más canales de información y tienes más chances de saber a quién te enfrentas”.

Y mientras la sombra comienza a devorar, palmo a palmo, el césped del Bicentenario de La Florida, la conversación entre los dos arqueros récord continúa. El asunto central de la plática, la mística del lanzamiento penal, es, a fin de cuentas, tan antiguo como el propio fútbol. Y sus múltiples soluciones -he aquí probablemente la magia- casi siempre imprecisas. “Porque eso de la magia del penal es siempre según el resultado del partido, porque si yo voy ganando 4-0 y me cobran un penal a lo mejor me doy vuelta y no lo atajo”, manifiesta el Polo Vallejos, haciendo gala nuevamente de su ácido humor.

“¿Superar a Chirinos?”, reflexiona más tarde el Loco Peric, tras ser interrogado por su interlocutor. “No, once son muchos penales. Mira, este campeonato van seis fechas y ya me han cobrado tres. De esos tres me han hecho uno, pero yo espero que no me cobren más. No es muy grato eso. La gracia es que no nos cobren y para superar esa marca tendrían que cobrarnos muchos”.

De los ya cobrados, sin embargo, de sus aventuras y desventuras vividas frente al punto penal, los guardametas seleccionan para terminar sus más vívidos recuerdos. Sus atajadas más memorables. Y los lanzadores más siniestros. “Yo del único que me acuerdo es del que le atajé a The Strongest para salir vicecampeones de la Libertadores. ¿Y sabes por qué me acuerdo?. Porque me lo dijeron hace tres días”, insiste el Polo, riendo. “Y los lanzadores más temibles: Jorge Aravena y el Pata Bendita. Le pegaban muy muy fuerte”, sentencia.

Y toma la palabra Peric: “Por la relevancia me quedo con el que le atajé a Mark González, acá en el arco sur, porque nos metió en una liguilla estando ya en Audax, y tuvo trascendencia en ese momento para todo el fútbol chileno. Y de jugadores, al que no sé si le habré atajado alguno es a Esteban Paredes, porque es un tipo que no le pega siempre al mismo lado, que siempre cambia, que tiene la ductilidad de poder pegar a donde él quiere y también mucha confianza en lo que hace. Porque esto al final es una cuestión de eso, de confianza. Tiene muy poco de lotería”, sentencia.

Cuando el sol termina de ponerse en La Florida, los arqueros se despiden fundiéndose en un sentido abrazo que denota mutua admiración y respeto. Y ya en el auto, de regreso a casa, tras parafrasear a Fernando Riera comparando la figura del arquero con la de “un entrenador chico”, Vallejos exclama de pronto: “¡Acabo de acordarme de otro penal que atajé!”.

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