Señor director:
La Cámara de Diputados aprobó un proyecto de ley que obligaría a las radios a emitir música nacional al menos en una quinta parte (20%) de su programación musical diaria. Así, se estaría imponiendo una cuota obligatoria de música chilena a todas las radios, al margen de ser folklore, pop, rock o reggaeton. El objetivo sería "fomentar" la creación musical en el país, sin importar su calidad u originalidad.
El proyecto aprobado por la Cámara, en nuestra opinión, es un error. En primer lugar sienta un precedente delicado. A la vuelta de la esquina podría también obligarse a las editoriales y librerías a publicar y vender una cuota determinada de libros de autores chilenos, o a los cines a exhibir una cuota de películas nacionales. El mismo derecho que invocan algunos de nuestros músicos a ser estimulados podría también extenderse a los escritores y cineastas de nuestro país. En tributo a un nacionalismo trasnochado, también podrían establecerse cuotas a la programación de televisión o contenidos "nacionales" básicos para internet o los propios diarios. Más lejos, si de fomento se trata, ¿por qué no obligarnos a todos a usar un día a la semana mantas chilenas para estimular a las chamanteras de Doñihue?
En segundo lugar, es sorprendente que se pretenda obligar a las personas a oír una determinada música, en pleno siglo XXI, en un mundo tremendamente globalizado e interconectado, donde las redes sociales se han desarrollado de manera exponencial, porque precisamente se basan en la libertad y autonomía para decir, mostrar o exponer lo que cada cual quiera y a quien quiera.
Nos gusta hablar de libertad y democracia, pero esto huele a autoritarismo. ¿Alguien puede pensar que una ley puede obligar a las personas a oír música chilena? Creer eso es subestimar a los ciudadanos. Cada cual buscará la forma de escuchar lo que tenga ganas, ya sea por medio de dispositivos electrónicos, radios por internet de otros países o de la manera que sea.
El proyecto de ley en cuestión es un atropello a las personas, a la libertad de expresión y al orden económico y jurídico de nuestro país. Es incomprensible que un poder del Estado quiera coartar la libertad de cada individuo a oír la música que le gusta.
Pienso en la Radio Beethoven, parte del Grupo Dial, la única radio que sólo programa música clásica, y que tiene decenas de miles de auditores. ¿Alguien tiene derecho a decidir que en lugar de escuchar a Bach o Mozart interpretado por las mejores orquestas del mundo, sus auditores ahora tendrán la obligación de oír música chilena?
La oferta radial en nuestro país es amplia. Somos el país que tiene más radios per cápita del mundo. Cada una ofrece a sus auditores una malla programática que la hace única, que incluye contenidos periodísticos, de entretención y música. La parrilla musical de cada radio es parte esencial de su línea editorial, libre, autónoma e inviolable.
Anita Holuigue Barros
Directora Grupo de Radios Dial