Señor director:
En Reportajes de La Tercera del domingo, Ascanio Cavallo, bajo el título de "El camino al Arzobispado de Santiago", expresa que "fue el sacerdote jesuita Felipe Berríos quien demolió la opción de González (monseñor Juan Ignacio González, obispo de San Bernardo), al recordar que el ahora prelado del Opus Dei trabajó antes como abogado para el régimen militar y en particular para la oficina encargada de las relaciones con la Iglesia, comandada por Sergio Rillon. Esa oficina impulsó en 1984 la idea de restaurar una modalidad del 'derecho de patronato', la institución colonial que permitía a los gobiernos intervenir en la designación de los obispos locales. Un aborrecimiento de la Santa Sede".
"La acusación de Berríos podría carecer de mérito por sí misma -no hay delito envuelto en ella-, pero resultó indicativa del efecto dislocador que el nombramiento de González podría tener entre muchos sacerdotes de la Arquidiócesis, como ya ocurrió en Lima con la designación de un arzobispo de la Obra" (Opus Dei).
De esta manera, da por sentado Cavallo que en la sede Arzobispal de Santiago "ya sólo se mencionaban a Goic y Ezzati".
Sobre el particular, quiero puntualizar lo siguiente:
1) Que don Juan Ignacio González Errázuriz ingresó a colaborar en mi oficina, por recomendación del hoy cardenal emérito Jorge Medina, en 1981, cuando aquel sólo era oficial de justicia de Carabineros, con el grado de capitán y 25 años de edad. Allí trabajó alrededor de dos años y después volvió a sus labores institucionales, siguiendo con posterioridad en Roma sus estudios para el sacerdocio.
2) Ni con su cooperación, entonces ni después, mi oficina planteó a la Santa Sede la restauración del Patronato, que nunca operó desde el nacimiento de la república, por tratarse de un beneficio que el Papado había otorgado a la Monarquía española, granjería de la cual los países nuevos de América no fueron herederos con expreso rechazo de la Sede Apostólica. Jamás por intermedio de mi oficina el gobierno militar pretendió su restauración.
3) Todo lo expresado por el señor Cavallo es, por consiguiente, no compatible con la verdad.
Sergio Rillon