Señor director:
La Superintendencia de Educación es absolutamente necesaria en un sistema que creció de manera exponencial en la última década, pasando de 300.000 a un millón de estudiantes, con una casi nula regulación, donde hemos tenido cierre de universidades, venta de algunas de ellas y otras irregularidades. Urge regular dos cuestiones para garantizar mínimamente el sistema universitario:
Lo primero es que la superintendencia tenga la facultad para cerrar universidades y carreras. Debe existir una instancia en la que cualquier familia pueda exigir garantías por la calidad de educación que reciben. Hoy, sabemos que la Ley de Acreditación es débil y no tiene la facultad de publicar las casas de estudio que no aprueban, es decir, aquellas rechazadas en su proceso de acreditación -que además es voluntario- no pueden ser difundidas públicamente por la Comisión Nacional de Acreditación (CNA). Una clara impunidad frente a alumnos que no tienen acceso a esa información al momento de elegir en qué institución estudiar. La superintendencia debiese suplir esa falencia.
Lo segundo es aprovechar este debate para fijar un consenso sobre qué tipo de institución podrá participar del sistema universitario, y cuáles serán sus características constitutivas. Naturalmente que no sólo impartir docencia puede constituir a una institución en universidad, sino que al menos docencia, extensión e investigación.
Vlado Mirosevic
Presidente de ChilePrimero
Iván Morán
Vicepresidente ChilePrimero