Señor director:
Hace poco entró al Congreso un proyecto de ley que crea las agencias públicas de educación local que, junto con la superintendencia y el Consejo Nacional de Educación, creados hace algunos años, cambian completamente la actual institucionalidad educativa.
¿Qué debe esperarse de estas reformas? No mucho, y no porque sean malas. Estas son coherentes con la experiencia internacional, la evidencia del país y están teóricamente bien articuladas. El problema está en otra parte: en las mismas personas que demandan una educación de calidad.
Cuando la Loce estaba vigente y el Mineduc era responsable, nadie lo culpó y le pidió explicaciones, sino que se optó por culpar al sistema y cambiarlo. Cuando algo falla en la educación descentralizada, nadie le exige asumir su responsabilidad al alcalde, y se prefiere culpar al sistema y la desigualdad social por los malos resultados. ¿De qué sirve modificar la institucionalidad si justamente cuando hay que hacerla funcionar buscamos reemplazarla?
Estamos llenos de excusas y chivos expiatorios, a diferencia de lo que ocurre en países en que estas mismas reformas han sido un éxito, países donde la cultura es hacerse responsables, asumir desafíos y exigir resultados. El mito de las estructuras en educación, tan inmerso en la cultura popular, es uno de los grandes obstáculos que como sociedad debemos remediar.
Sebastián Adasme Toro