Señor director:
En relación con la columna de Louis de Grange publicada ayer, castigar el transbordo haría menos atractivo el transporte público y beneficiaría otros modos menos eficientes de transporte (taxi, colectivos, automóvil, etc.). El solo hecho de transbordar es una penalidad; en sistemas de transporte de alto estándar, el transbordo no se cobra.
Minimizar los transbordos es, técnicamente, responsabilidad de la autoridad encargada de diseñar la red de transporte público. Si De Grange sugiere que los operadores encontrarán formas de hacerlo, adelanto que, en caso de ocurrir, conduciría al beneficio privado de las empresas operadoras y no al de los usuarios con el consiguiente bienestar social. Esto se ha tratado ampliamente en la literatura especializada y hay infinitos casos de ejemplo.
Tercero, el columnista afirma que el costo (por pasajero, asumo) de Metro es la mitad que el de los buses. Ello es válido en el caso de Transantiago, que tiene un servicio de buses de bajo estándar y goza de un Metro de alto estándar. Esto induce una alta densidad de tráfico en Metro. No obstante, dicha comparación es injusta, toda vez que la frecuencia, confiabilidad, comodidad e información que ofrece el sistema de buses, dista mucho de lo que un sistema moderno y de calidad puede ofrecer.
Finalmente, ofrecer diferentes opciones tarifarias sería espléndido, pero lamentablemente los sistemas de información que soportan la operación de Transantiago no están a la altura de lo que sugiere el doctor en transporte, y no se percibe la voluntad de corregir esta grave debilidad.
Oscar Baeza Roos
Ingeniero Civil en Transporte
Universidad Católica