Señor director:
Dos historias de exclusión nos conmovieron hace unos días. La pobreza no es sólo un problema económico, también lo es la soledad y exclusión social producto de una discapacidad mental.
En nuestro país, con o sin crisis económica, con mayores o menores cifras de desempleo, son cerca de 76 mil personas con discapacidad mental que viven en situación de pobreza, y de las 12 mil personas que se encuentran en situación de calle, una de cada tres presenta algún problema de salud mental de acuerdo a estudios del Hogar de Cristo.
La reinserción comunitaria es una herramienta efectiva en la rehabilitación de personas con discapacidad mental.
Esto requiere recursos y políticas públicas orientadas a habilitar y mantener programas de atención ambulatoria, opciones de habitabilidad para permanecer insertos en su comunidad, apoyo a las familias para evitar la internación de las personas, nivelación de estudios especializados y de capacitación y empleo, entre otros.
A esto debe sumarse una ciudadanía que promueva el respeto a los derechos de las personas con capacidades diferentes, para que puedan ser parte de su comunidad sin prejuicios ni discriminaciones.
Estas personas poseen un gran potencial y sólo requieren de oportunidades. Sólo así vamos a construir un país más inclusivo, justo y solidario, cambiando la cara de la discapacidad mental.
María Isabel Robles Meza
Directora ejecutiva, Fundación Rostros NuevosHogar de Cristo