Señor director:
Hoy, cuando los chilenos escuchamos el reclamo de los ayseninos por el retraso, el aislamiento, la falta de oportunidades y la poca calidad de vida que viven en su región, sorprende el silencio de Douglas Tompkins.
Este estadounidense, a través del artilugio de una fundación y la conservación de la naturaleza, ha erradicado sin miramientos a los habitantes de esas tierras, afectando su acceso al trabajo. Además, con su dinero ha financiado a grupos que se oponen al desarrollo.
Los intereses de un privado no pueden pasar por sobre los derechos de miles de habitantes de una región, cuya conectividad es responsabilidad del Estado. Aquí existe un interés superior que resguardar.
Ojalá, al menos en materia de conexión, el Estado pueda finalmente avanzar a paso firme en la construcción de los tramos pendientes de la Carretera Austral.
Patricio Grez de Heeckeren