Señor director:
El brutal accidente de un tren ocurrido en Buenos Aires el día miércoles, en el que fallecieron 50 personas y casi 700 quedaron heridas, debiera ser considerado como un precedente obligado para el futuro del transporte en Chile y el mundo.
La razón de ello es la magnitud de la tragedia, respecto de la reducida velocidad de circulación a la que iba el tren. De acuerdo con lo expuesto en la respectiva crónica del jueves en La Tercera, el tren circulaba a 26 km/h, que es una velocidad que puede ser considerada bastante baja.
¿Se imagina usted cuál hubiese sido el resultado de que un tren choque a más de 100 km/h? La energía disipada en un choque crece mucho más rápido que la velocidad, obteniéndose normalmente resultados catastróficos.
Los vehículos pesados, como camiones, buses y autos que circulan a altas velocidades en las carreteras, son potenciales armas de destrucción masiva si no cuentan con todas las medidas que garanticen la seguridad, tanto de quienes viajan en los vehículos como de quienes se encuentran en las carreteras.
Por esa razón es urgente controlar los excesos de velocidad en el transporte en general, y en particular en el interurbano, aumentando la fiscalización en la circulación de camiones, buses y automóviles que circulan a velocidades elevadas.
En este contexto, el uso de fotorradares es una herramienta que permitirá salvar muchas vidas.
Louis de Grange C.
Doctor en Transportes, UDP