Señor director:
Mucho se habla de la discriminación y, al parecer, en muchos casos desde una vertiente ideológica. Por ello, como acertadamente lo señala el columnista de su diario, Axel Buchheister, “las diferencias socioeconómicas nunca dejarán de existir” y serán causa posible de un aparente trato discriminatorio.
Debemos entender que en la base de nuestra naturaleza está la diferencia, que nadie es igual a otro. No somos máquinas ni animales de un rebaño; somos seres pensantes con conciencia y valores, y tendremos siempre la opción de hacer una elección positiva -quien es elegido- y una elección negativa -quien es rechazado-. Quizás la esencia de no discriminar se acerca más a un tema valórico de respeto al prójimo, y no a una suerte de obligación social de comportamiento.
La discriminación y/o elección se cruza inevitablemente con el respeto, la libertad (de elección) y la autodeterminación.
La discriminación, por sutil que sea, es parte de la naturaleza humana y siempre estará presente en mayor o menor grado, regulada por el mayor o menor respeto hacia terceros en cualquier relación humana social o contractual.
En estos aspectos valóricos deberíamos enfocar los esfuerzos para generar una sociedad más justa, libre y equilibrada.
José Manuel Caerols Silva