Señor director:
Se ha escuchado a los líderes del movimiento estudiantil hablar acerca del rol social que le incumbe a las universidades. Repitiendo las viejas consignas de los años 60 de que la universidad tiene que ser más participativa frente a los problemas de la sociedad, obvian cuál es la esencia de la universidad.
Las universidades no tienen como fin realizar trabajos sociales que, si bien son acciones loables, no dejan de ser accesorios. El fin de la universidad es exactamente el mismo que tuvieron las casas de estudios superiores cuando comenzaron a desarrollarse en el Siglo XI: la formación integral del estudiante no sólo en el traspaso del conocimiento en sus distintas vertientes, ya sean humanista, científica o técnica, sino que dotándolo de un ideario moral que le permita desarrollarse en todos sus aspectos, colaborando con la sociedad en la cual vive.
Una universidad en la cual no se puede estudiar por siete meses de paros y movilizaciones es una universidad que deja de cumplir su rol social, ya que es la sociedad la que se ve afectada en su crecimiento y desarrollo por la respectiva falta de aprendizaje, investigación y cultura en diferentes áreas del conocimiento. Por ende, no son viejas ideologías fracasadas las que llevarán a nuestro país a un mayor grado de desarrollo y bienestar.
No es ningún secreto que las sociedades más desarrolladas son aquellas que logran poner el conocimiento al alcance de sus respectivos habitantes, para que estos puedan aplicarlo como una herramienta de desarrollo en su vida diaria. Un país en que se impide que el conocimiento se expanda, es un país que está inevitablemente destinado a ser ignorante.
Branimir Barrueto Jaman