Señor director:
El salario mínimo no debería existir. Lo correcto sería que los legisladores, políticos y gobiernos de turno se dedicaran sistemáticamente y sin considerar su tendencia política, a crear instancias para fomentar y apoyar a pequeñas y medianas empresas para que aumenten su rentabilidad. Es la rentabilidad la que paga los sueldos, de tal manera que si la demanda de trabajadores es mayor a los trabajadores disponibles, el sueldo sube automáticamente, sin mínimos. Prueba clara: en la época de cosecha de la fruta, el salario diario fluctúa entre $ 10.000 a 15.000 y el monto depende de la producción de cada uno.
Gastón Cruz de la Barra