Señor director:
Los acontecimientos de cada día, las guerras, confrontaciones políticas, denuncias de uno u otro tipo; y tantos otros problemas humanos parecen ahogar las esperanzas de la humanidad. Sin embargo, hay muchas luces encendidas. No obstante que las miramos, parece que no siempre las vemos.
Sí, son esas pequeñas esperanzas del corazón de tantas personas cercanas y lejanas, conocidas o no que caminan hacia la cima de la montaña para alcanzar, no sin esfuerzo, la cumbre. Y allí, encontrar el silencio que permite la paz para resolver los problemas más difíciles y complejos. Cuántos afanes inquietan y desorientan hasta llegar a experimentar el vacío de la propia existencia cuando nada lo ilumina.
La posmodernidad, más allá de sus grandes progresos, nos ha puesto de frente ante nuestra propia vulnerabilidad. Así, surge una pregunta inquietante: ¿cuáles serán las raíces de las frustraciones humanas de cada día? La respuesta puede estar en no valorar lo que es plenamente humano y al mismo tiempo trascendente y que de verdad nos hace felices.
La inauguración de los juegos olímpicos de Londres 2012 nos ha mostrado magistralmente el caminar de un pueblo y su cultura. Pero lo admirable ha sido el aplauso de todo un estadio a la delegación Argentina. Un gesto que enaltece a dos pueblos que se han enfrentado en una guerra. Entonces renace la esperanza como camino inconfundible para construir la paz, recobrar las confianzas, disponerse al diálogo, sanar los corazones heridos y ser artífices de la verdad y la justicia.
Fco. Javier Astaburuaga O.