Señor director:
Hemos visto la problemática sobre los guetos, particularmente los Bajos de Mena. También hemos visto las propuestas que han surgido para transformar estas poblaciones, las cuales consideran demoler edificios, construir parques y acercar servicios. Si bien el diagnóstico es evidente, no podemos pensar que una política de infraestructura y servicios es suficiente.
Desde nuestra inserción como fundación en estas poblaciones podemos dar fe de los procesos de exclusión que han sufrido miles de familias en Chile. Esta situación afecta la convivencia social y la esperanza de tener un país sin pobreza.
Si creemos que cada barrio es territorio, identidad y relaciones sociales, deberíamos pensar que toda intervención urbana también debe ser social y cultural. En este sentido, debemos preguntarnos por el tipo de desarrollo urbano que puede dar solución a la problemática de los guetos, abordando toda la complejidad urbana y social del fenómeno.
Respondiendo a esa complejidad es que se deben entender los procesos sociales internos de estas poblaciones, sus liderazgos, problemáticas y riquezas organizacionales. Además, hay que escuchar a los pobladores, víctimas y sobrevivientes de su vulnerabilidad, elaborando soluciones democráticas y participativas que fortalezcan la organización interna y la creación de nuevas oportunidades.
Debemos trabajar con voluntad férrea y de forma articulada, públicos y privados junto a las familias y desde adentro de los barrios, promoviendo el protagonismo de los propios pobladores para mejorar sus vidas. ¿Tendremos que esperar nuevos indignados para tener una agenda de política urbana que considere a las personas?
Nicolás Cruz C.
Director ejecutivo
Fundación Junto al Barrio