Señor director:
En este momento el deporte de alto rendimiento más que centrarse en la proposición de contenidos para una política, debe hacerlo en sus problemas. Por ello me atrevo a formular algunas interrogantes que deberían ser el punto de inicio obligado de una política pública específica para este sector.
¿Qué modelo deportivo tenemos? ¿En qué deportes tenemos fortalezas a nivel nacional e internacional? ¿Cómo se relaciona el Estado con los organismos del deporte asociado? ¿Responde la estructura de los clubes, ligas y federaciones a las exigencias del deporte de alto rendimiento? ¿Cuál es la forma de gobierno y gestión más adecuada para el deporte federado? ¿Qué políticas existen para la realización de ligas y eventos deportivos? ¿Quién las gestiona y cuáles son sus responsabilidades?
Otra línea de análisis podría preguntarse si existen planes sostenibles de preparación y participación de nuestros deportistas para la alta competencia. ¿Cuál es el estado de la reserva deportiva nacional por cada deporte? ¿Cómo se articula el deporte escolar, universitario y federado a nivel nacional? ¿Contamos con capital humano calificado que planifique, evalúe y controle los procesos deportivos? ¿Quién regula y certifica el mercado laboral?
Responder estas preguntas debe ser el objetivo central de la política pública, la que mediante una estrategia intencionada articule las acciones futuras y actuales que estén en desarrollo por medio de un modelo deportivo nacional que permita llegar, como pregona el lema olímpico, “más alto, más lejos, más fuerte”.
Contar con una política pública para el alto rendimiento no es sólo un deber del Estado frente a los deportistas, entrenadores, dirigentes e hinchas, sino que es un derecho para poder tener más y mejor deporte.
Rodrigo Grimalt Suárez
Director Instituto de Ciencias del Deporte UST Santiago