Señor director:
Por más encuesta que se haga, es casi imposible prever el impacto de aumentar el número de votantes. Del viejo padrón sabemos bastante por sus preferencias políticas históricas. El nuevo, en cambio, es muy heterogéneo.
Llama la atención que frente a un escenario tan incierto, haya políticos que actúen como si contaran con el registro electoral antiguo y recurran a fórmulas añejas de trabajo.
El alcalde Sabat, después de repetir que estaba cansado por las movilizaciones de 2011, cambió de opinión apenas supo que hubo pocos cambios de domicilio en Ñuñoa. El edil de Providencia, Cristián Labbé, enfrentado a manifestaciones por educación y el homenaje a Krassnoff, invalidó el sondeo que lo dio por perdedor y recordó que su trayectoria es la que le ha dado la reelección. El presidenciable Franco Parisi, por su lado, interpreta al nuevo votante desde el viejo paradigma de “el joven descontento con el sistema”, y lo busca en universidades y twitter, pero olvida que esa juventud es minoría.
El “lo echábamos de menos” de Jaime Ravinet o la postura del ex Presidente Lagos antes de “escuchar a la gente”, fueron en su tiempo ejemplos de “dormirse en los laureles” por exceso de confianza.
Hoy más que nunca no es descabellado pensar que el nuevo elector irá a votar para castigar la falta de trabajo en terreno y de reinvención.
Cristián Loyola