Señor director:
En su columna de ayer Mario Fernández se refiere a una supuesta crisis institucional, cuya única salvación sería la creación de una asamblea constituyente, y cita como ejemplo el caso americano y el alemán.
Estos ejemplos no son sólo malos, sino descontextualizados. Ninguno de estos países intentó una asamblea constituyente dentro de normas constitucionales existentes. Los delegados de la convención americana fueron citados para reformar los artículos de la confederación, con lo cual su arrebato constitucional sería ilegítimo. En el caso alemán ocurrió bajo la supervisión que EE.UU tenía en los primeros años posteriores a la segunda guerra mundial. Ambos venían saliendo de procesos bélicos que dejaron a ambas naciones literalmente en ruinas.
Un sector de la izquierda ha lanzado su tesis de la necesidad de una asamblea constituyente construida sobre el mito de la “crisis institucional”, porque cuando gobernaron ellos el modelo funcionaba perfecto, en particular luego de la reforma constitucional de 2005, firmada por Ricardo Lagos. Pero lo cierto es que denominan crisis institucional a la situación producida cuando la coalición de gobierno que está en el poder no es de su gusto, aún cuando haya sido electa democráticamente. Por eso no deja de llamar a la atención que esta postura, que basa su premisa en consignas, esté a la espera que de asambleísmos mágicos salgan las curas a los males que nos aquejan. No es pánico querer analizar los costos antes de pagar un precio, es combatir la ingenuidad con evidencia y realismo.
Rodrigo Delaveau
José Francisco García
Libertad y Desarrollo