La visita presidencial a Ecuador permitió alinear a este país con Chile respecto de la demanda por el límite marítimo interpuesta por Perú.
El respaldo que obtuvo el Presidente de la República en su visita a Ecuador el viernes constituye un triunfo importante de la diplomacia chilena. La defensa de los intereses nacionales en la demanda planteada por Perú ante el tribunal Internacional de La Haya ha salido fortalecida tras la exitosa gestión presidencial.
Luego de reunirse con su par ecuatoriano en Quito, ambos mandatarios emitieron una declaración conjunta en la que hicieron ver su "plena coincidencia respecto de la vigencia, alcances y contenidos" de los tratados de 1952 y 1954, de los cuales estos países son signatarios, junto con Perú. En su demanda ante el Tribunal de La Haya, este último señala que la Declaración de Zona Marítima de 1952 y el Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima de 1954 no fijan el límite marítimo entre Chile y Perú. En su condición de tercer firmante de esos documentos, La Haya ha ofrecido a Ecuador la posibilidad de opinar en la causa que lleva productro de la demanda peruana.
En los últimos meses, Lima desarrolló una amplia ofensiva diplomática para convencer a Quito de que se abstuviera de intervenir en la causa. Aunque el documento firmado el viernes no deja en claro que Ecuador vaya a emitir una opinión favorable a la posición nacional ante el tribunal internacional, sí permite concluir que Ecuador, como Chile, considera que los tratados de 1952 y 1954 establecen el límite marítimo y que éste ha quedado fijado de acuerdo a la línea del paralelo.
Esta concordancia chileno-ecuatoriana queda en evidencia con aún mayor profundidad si se considera la publicación de un decreto firmado el lunes por el Presidente ecuatoriano a través del cual se aprueba la carta náutica de ese país. El mapa, que será enviado a la ONU, deja claramente establecido que la frontera marítima entre Perú y Ecuador corre por la línea del paralelo, de acuerdo a lo señalado en los tratados de 1952 y 1954. Se trata, sin duda, de un espaldarazo para la posición chilena y de un serio revés para el planteamiento peruano.
La visita presidencial a Ecuador coronó favorablemente una serie de esfuerzos desplegados en los últimos meses para atraer de vuelta a un país que, pese a ser un aliado histórico de Chile, había sido relativamente postergado en las prioridades de nuestra política exterior desde hace varios años, descuido del que Perú ha intentado sacar ventaja. Velando cada uno por los intereses de largo plazo de sus estados, y dejando de lado evidentes diferencias ideológicas, los mandatarios de ambos países han refrendado la tradicional amistad entre Chile y Ecuador. Es importante que en lo sucesivo el fortalecimiento de los vínculos bilaterales se profundice, especialmente si se utilizan con acierto herramientas ya disponibles, pero insuficientemente explotadas, como el Acuerdo de Asociación suscrito en 2008.
Pese a carecer de un lineamiento estratégico que le dé un sentido claro a la acción internacional del país, la diplomacia chilena ha logrado en los últimos meses acercamientos importantes con varios gobiernos de América Latina, incluso con aquellos con los que, como en el caso boliviano, se esperaba que la relación fuera difícil. Se ha conseguido, de esta forma, crear un espacio favorable para el despliegue de la diplomacia nacional en el ámbito regional.