Año de definiciones para el gobierno

La llegada de marzo supone el inicio de un período que marcará el rumbo que seguirá el Ejecutivo y el sello que imprimirá a su gestión.

01/03/2011 - 04:00
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TERMINADO EL receso de las vacaciones, la llegada de marzo marca en Chile el inicio de la actividad normal del año. En el ámbito público, el gobierno y las diferentes fuerzas políticas enfrentan un 2011 que constituye una ocasión propicia para avanzar hacia la concreción de una serie de reformas pendientes.

Los primeros 12 meses de la actual administración estuvieron marcados por los efectos del terremoto del 27 de febrero de 2010. Durante dicho período los esfuerzos del Ejecutivo estuvieron centrados en priorizar la ayuda ante la emergencia y el proceso de reconstrucción. Este constituye un desafío de largo plazo que se prolongará por años, pero que no debe impedir que ahora el Ejecutivo impulse también otras tareas relevantes. Debido a que se trata del último año del actual mandato presidencial que no se verá influenciado por la presencia de elecciones y las dinámicas que éstas suelen imponer al proceso político, 2011 supone una oportunidad que no debe ser desperdiciada. Los próximos meses serán cruciales para definir el rumbo que seguirá el gobierno y el sello que imprimirá a su gestión.

El Presidente de la República ha mencionado siete áreas donde pretende concentrar esfuerzos este año y en lo que resta de su gestión. En una de ellas -educación- el gobierno ya consiguió la aprobación parlamentaria de una reforma significativa. Ahora se apresta a enviar legislación relativa al denominado Ingreso Etico Familiar, para abordar el tema de la pobreza. También abordará la reforma a la salud, la lucha contra la delincuencia, la modernización del Estado e impulsará cambios al sistema político y a la normativa ambiental. Se trata de una agenda compleja y abundante, que debe ser aterrizada en proyectos concretos sobre los cuales sólo se podrá emitir un juicio definitivo una vez que se conozcan que cumplan con el objetivo de hacer que el país progrese hacia la meta del desarrollo en el mediano plazo.

Llevar adelante una agenda realizadora ambiciosa supone desarrollar la capacidad política para impulsarla, más todavía si se considera que el Ejecutivo no cuenta con mayoría en ninguna de las cámaras del Congreso. Esta realidad exige a La Moneda mostrar destreza negociadora para alcanzar mayorías parlamentarias, sin prescindir, al mismo tiempo, de la defensa y promoción de las ideas y valores que han animado históricamente al sector que accedió al gobierno el 11 de marzo pasado.  Para conseguir estos objetivos, es imprescindible evitar los errores no forzados, mejorar la coordinación entre las autoridades, afinar el proceso de toma de decisiones al interior del aparato gubernamental y establecer sólidos canales de la interlocución con los parlamentarios y partidos de la Alianza. El difícil arte de gobernar exige a quienes lo ejercen mostrar liderazgo para constituir mayorías parlamentarias y de opinión pública incluso en temas difíciles, donde a veces es necesario enfrentar intereses y prácticas arraigadas para impulsar el bien común.

Probablemente debido al largo período en que las actuales autoridades estuvieron fuera del gobierno, en varios de los aspectos reseñados La Moneda ha mostrado algunas falencias que está a tiempo de corregir para lograr mayor eficacia. Esto último también es notorio en algunos parlamentarios de la Alianza, que aún muestran una inclinación a actuar como si permanecieran en las filas opositoras.

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