COMO YA se ha hecho costumbre en las últimas semanas, ayer los estudiantes volvieron a marchar por el centro de Santiago en demanda de cambios al sistema educacional. Pero a diferencia de las anteriores movilizaciones, la de ayer concluyó en forma pacífica y sin desmanes que lamentar, salvo algunos incidentes aislados.
Según el vocero de gobierno, una de las razones de lo anterior fue la mejor coordinación entre la intendencia y los convocantes del acto, lo que permitió adoptar medidas para controlar focos de violencia. A ello también contribuyó que los estudiantes hayan respetado el trayecto original de la marcha autorizada por el gobierno. Carabineros, por su parte, valoró que los propios estudiantes hayan tomado medidas para impedir la acción de encapuchados durante la marcha.
En suma, es claro que, contrariamente a lo que han visto los santiaguinos durante el movimiento estudiantil, se pueden realizar estas actividades sin alterar el orden público ni dañar la propiedad pública y privada.
Por lo tanto, el gobierno, la policía y los estudiantes deben extraer lecciones de lo sucedido y determinar qué factores influyeron en el buen desarrollo de la jornada. Si se trata de medidas como las mencionadas, cabe preguntar por qué no se adoptaron antes, pero sobre todo importa asegurar que se tomen otras del mismo tenor de ahora en adelante para evitar futuros disturbios.
El espectáculo reiterado en semanas recientes de protestas legítimas que derivan en violencia daña la democracia y deteriora la convivencia social. En cambio, la manifestación pacífica y debidamente organizada, coordinada con las autoridades y que respeta los derechos de quienes no participan en ella, las refuerza a ambas.