Los antecedentes sobre el desempeño de la economía chilena durante 2011 indican que esta habría crecido 6,2%, con consecuencias muy positivas sobre el empleo. Se espera, sin embargo, que el crecimiento en 2012 sea sustancialmente más bajo -las expectativas recogidas por el Banco Central están centradas en 4%- porque el crecimiento en el país debe converger hacia su tasa potencial, desde el período de recuperación más acelerada posterremoto y poscrisis de 2008-09, y por temores sobre un peor desempeño de la economía global.
Efectivamente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) actualizó la semana pasada sus proyecciones económicas para el mundo. El cambio más significativo está en la proyección de actividad para la eurozona, donde el organismo espera una contracción de 0,5% en 2012, versus un crecimiento proyectado de 2,1% en septiembre. A raíz de esto, el crecimiento mundial fue corregido a la baja, previéndose en la estimación actual que alcanzará sólo 3,25% en el presente año. De hecho, las proyecciones de todas las regiones son corregidas a la baja, a excepción de la de Estados Unidos, que no fue modificada. La visión presentada por el FMI es consistente, con unas dificultades financieras de la eurozona relativamente bien contenidas en esa región y con precios de materias primas aún atractivos, gracias a una sostenida demanda desde Asia.
Junto a la expectativa de menor crecimiento mundial, deben considerarse otros desarrollos significativos para el desempeño de la economía chilena. Por una parte, está la tensión que deriva de los intentos de Irán de dotarse de capacidad nuclear, que ha impactado sobre el precio del petróleo. Los actuales US$ 100 por barril ya representan un impacto negativo sobre los términos del intercambio comercial de nuestro país y la expectativa es que el petróleo continúe con una tendencia alcista, aun sin desarrollos extremos en el Medio Oriente. En el lado positivo, ha habido recientemente un mayor optimismo sobre la capacidad de las autoridades europeas para manejar la crisis financiera de esa región, a pesar de la grave situación de Grecia, potenciado por el anuncio de la Reserva Federal de que mantendrá bajas tasas de interés por un período extendido.
El escenario externo descrito permite una convergencia suave de la economía chilena hacia su potencial de crecimiento. Adicionalmente, con precios de materias primas a la baja en el mundo, podría disminuir la inflación que ha afectado internamente los alimentos en 2011 y que, junto a inflación en precios de combustibles, han sido elementos negativos para el bienestar de la población. Pero este escenario puede verse afectado negativamente si la situación financiera en la eurozona se agrava. Al respecto hay opiniones pesimistas, que enfatizan una probabilidad de eventos críticos en los mercados, a partir de que las deudas en los países comprometidos seguirán siendo excesivas, que no hay suficiente ajuste fiscal, y que la rigidez de una moneda única perpetúa el desempleo. La confianza de los analistas optimistas radica en la disposición última de las economías europeas sólidas a efectuar cualquier esfuerzo por mantener la Unión, y a la capacidad de apoyo financiero que tiene el Banco Central Europeo. En este marco incierto, la política económica chilena debe aportar certezas y anclas sólidas para mantener un ambiente favorable a los negocios y la generación de empleos.