EL ACUERDO que alcanzaron recientemente la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) y la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), con miras a introducir una serie de reformas al mercado laboral y avanzar en el diálogo entre sindicatos y empleadores, es un hecho que debe ser destacado por los alcances y precedentes que sienta. En el documento destacan aspectos interesantes, como la búsqueda de cambios en los procesos de negociación colectiva -como simplificar las etapas consignadas en la ley actual-, establecer planes permanentes para enfrentar crisis económicas, perfeccionar el seguro de cesantía y avanzar en la reducción de accidentes laborales, entre otras materias.
La propuesta -que a partir de marzo se buscará que se refleje en distintos proyectos de ley, para lo cual dichas propuestas serán presentadas ante el Congreso- avanza en la línea de lo que deberían ser relaciones laborales modernas, donde se privilegie la negociación entre las partes y se evite persistir en el camino de la conflictividad. Se trata, entonces, de un alentador primer paso, pero que no debería hacer perder de vista que el mercado laboral chileno necesita cambios aún más profundos que los aquí propuestos, cuyo avance ha sido imposible por profundas diferencias ideológicas.
Por ello, junto con promover la discusión parlamentaria de estas iniciativas, el gobierno, la CPC y la CUT deberían ampliar el diálogo, aprovechando el nuevo clima de entendimiento que parece prevalecer e impulsar cambios que se hacen cada vez más necesarios. Establecer mecanismos para flexibilizar las jornadas laborales (adaptabilidad), reformar el actual sistema de indemnizaciones y reemplazarlo por sistemas más eficientes de seguros de cesantía, y hacerse cargo de las trabas que desincentivan la contratación de jóvenes y mujeres son objetivos que no deberían ser desatendidos.