SE HA PUESTO en marcha la fusión de la aerolínea chilena Lan Airlines con la brasileña Tam Linhas Aéreas en torno a Latam Airlines Group, dando origen a la compañía más grande de Latinoamérica en el rubro y que está entre las diez más significativas del mundo, además de ostentar el primer lugar en valor bursátil. Cada una mantendrá su marca separada, aunque operarán integradamente, formando un consorcio aerocomercial de 310 modernas aeronaves y con órdenes de compra por 210 adicionales, 51.000 empleados, ingresos anuales de US$ 13.500 millones y 1.742 vuelos diarios en promedio.
Se trata de un logro sin precedentes en la economía nacional si se considera que Chile no posee ventajas comparativas naturales en el negocio del transporte aéreo -muy por el contrario, cuando se tiene presente su posición geográfica-, que no puede explicarse sino como fruto de una capacidad de gestión y visión de negocios sobresalientes, que prestigia el potencial de nuestros empresarios y debiera motivar orgullo en el país, además de servir de ejemplo y aliciente para el emprendimiento.
Hace poco más de dos décadas, Lan Chile era una empresa estatal con una situación patrimonial comprometida y resultados negativos. La decisión de equilibrarla, asumiendo el Estado el costo de las pérdidas, y luego de privatizarla, resultó apropiada para resolver el problema de fondo que la aquejaba, y le ha permitido con el tiempo convertirse en un jugador de talla mundial. Aunque contó para ello con la clara ventaja de su condición de actor dominante en una industria con bajos niveles de competencia local, llevó a cabo una gestión eficiente, una adecuada política de explotación conjunta del negocio de pasajeros y carga, y tuvo la capacidad para aprovechar oportunidades en el ámbito regional latinoamericano.
El continuo crecimiento y la posición dominante aludida le permitieron consolidarse como el principal transportador aéreo nacional, lo que en varias ocasiones motivó que sus actividades comerciales fueran revisadas o quedaran sujetas a aprobación por parte de las instituciones que velan por la libre competencia, con el fin de resguardar el interés de los consumidores, lo que no afectó su capacidad de desarrollarse. La fusión con Tam, en la medida que ambas aerolíneas eran competidoras en la ruta a Brasil, sin duda justificaba por parte de tales instancias un análisis acabado, que se tradujo en la imposición de ciertas condiciones y que en definitiva no empecieron la determinación de dar vida al nuevo consorcio. Sin embargo, el trámite se extendió por dos años, lapso en cual las circunstancias pudieron haber variado considerablemente y malogrado la fusión, lo que también justificaría que aquellas revisen los tiempos y procedimientos que utilizan para pronunciarse sobre las peticiones que reciben, como la consideración que otorgan a ciertos planteamientos, que en ocasiones parecen más fundados en un mero afán de oponerse que en obtener soluciones razonables.
Cabe celebrar el logro de una compañía chilena, que es destacable y bienvenido, en un momento en que la valoración de la iniciativa empresarial parece estar en un bajo nivel. Las autoridades deberían presentarlo como un ejemplo para un reimpulso del emprendimiento, lo que no significa que en caso necesario renuncien al deber de cumplircon su tarea reguladora y fiscalizadora.