LA CIUDAD DE Santiago vivió la segunda preemergencia ambiental del año, y ha sido motivo de fuerte controversia el hecho de que la autoridad no fuera capaz de anticipar esta mala condición en la calidad del aire, por lo que el día antes decretó “alerta”, en circunstancias que horas más tarde la medición de partículas en algunas estaciones indicaba que debió haberse decretado “preemergencia”. El episodio nuevamente puso en entredicho los sistemas de pronóstico ambiental con que cuenta la capital, y por ahora las explicaciones que se han dado no resultan satisfactorias. El gobierno ha señalado que el país utiliza la mejor tecnología disponible para decretar contingencias ambientales y que, al no haber una más certera, ello se complementa con opinión de expertos en la materia.
Resulta evidente que en una ciudad que ya tiene más de seis millones de habitantes, contar con sistemas de alerta eficientes es esencial. Los episodios críticos no anticipados provocan que más personas se vean expuestas innecesariamente a la contaminación. El año pasado se licitó un nuevo modelo predictivo, el que debería estar en marcha en 2013. Algunos expertos criticaron el proceso, entre otras razones, porque entre las consultoras ganadoras figura la misma que ha implementado el actual modelo; asimismo, alegan que en el mercado existen otros más precisos. Sería útil conocer si acaso este nuevo modelo está efectivamente en marcha blanca y cuál ha sido su grado de acierto. En paralelo, urge avanzar en medidas de fondo para bajar los índices de contaminación, especialmente cuando se producen episodios críticos. Seguir poniendo énfasis en la restricción vehicular y en detener la emisión de ciertas fuentes fijas es insuficiente, y corresponde que la autoridad analice la aplicación de nuevas herramientas y políticas de más largo plazo, especialmente en lo que toca al polvo en suspensión y el control de cierto tipo de calefacción, como la leña.