UNA GRAVE sequía está afectando a Estados Unidos, lo que junto a las condiciones actuales de los cultivos en otras regiones productoras de cereales en el mundo, ha generado alzas muy significativas en los precios de estos alimentos: el valor del trigo y del maíz ha aumentado alrededor de 50% desde mediados de junio. La soya -que junto al maíz es un insumo básico en la alimentación de aves, cerdos y bovinos- ha aumentado su precio en 30% desde principios de junio y casi 60% desde fines del año pasado, lo que lleva a anticipar alzas en las carnes. La excepción ha sido el arroz, que mantiene precios elevados pero estables durante 2012. Si bien la situación es preocupante en términos de perspectivas alimentarias y sociales en los países de bajos ingresos, no se anticipa que llegue a ser tan compleja como en 2008, cuando a los problemas de producción se añadieron stocks muy bajos y altos precios del petróleo, los fertilizantes y el transporte internacional de mercancías, lo que afectaba los costos de importación de alimentos, así como los de siembras y cultivos.
En Chile, las recientes alzas en los precios internacionales de los cereales han puesto en discusión la posibilidad de una aceleración en el precio de los alimentos, especialmente después de que en 2008 las alzas generalizadas de precios de materias primas en el mundo -incluyendo alimentos- se reflejaron en fuertes aumentos de precios en el país. Si bien los precios de alimentos en Chile no pueden sino estar relacionados con la cotización internacional de las materias primas alimentarias, debe considerarse que en la elaboración, transporte y comercialización de los productos que finalmente llegan al público como alimentos hay también un fuerte contenido de otros insumos, especialmente de mano de obra. Así, el impacto del precio internacional de los alimentos se diluye en el conjunto de los costos que afectan la producción de comestibles, y la inflación final que afecta a estos bienes tiende a quedar determinada por los mismos elementos que causan la inflación general en el país. Particularmente relevante es la evolución del tipo de cambio, que es la variable que conecta los precios internacionales de materias primas con el valor con que éstas entran a la producción doméstica. En un contexto de precio del cobre elevado, con altos niveles de presión fiscal, y también como consecuencia del atractivo que presenta la estabilidad macroeconómica de nuestro país, que atrae flujos financieros, el precio de las divisas ha ido descendiendo, lo que ha compensado parcialmente el alza en el precio mundial de los cereales.
Las perspectivas inflacionarias seguirán dependiendo, fundamentalmente, de las condiciones macroeconómicas domésticas. Las cifras laborales entregadas por el INE, correspondientes al segundo trimestre del año, dan cuenta de una nueva caída en la tasa de desocupación, en un contexto de empleo creciente, a menor ritmo, pero con una continua evolución de la ocupación hacia empleo dependiente. Al mismo tiempo se constata que las remuneraciones crecen a buen ritmo, y que el conjunto de observaciones indica un mercado laboral pujante. En estas circunstancias la cautela de la autoridad monetaria ante un eventual brote inflacionario debería ser acompañada por el gobierno con esfuerzos de ajuste fiscal que eviten que el control de la inflación, en último término, deba descansar en la apreciación del peso, con severos costos sectoriales.