ESTANDO CERCA la fecha tope para el envío del proyecto de Ley de Presupuesto 2013 al Congreso, el Presidente de la República ha anticipado algunas de sus características: el gasto fiscal crecería 5% y su composición reflejaría la prioridad que se le quiere dar a educación, salud, control de la delincuencia y pobreza e innovación.
Debe darse prioridad al gasto en educación. Hay falencias en la enseñanza superior, desde las que afectan su calidad hasta aquellas que determinan dificultades financieras para los estudiantes y sus familias, como consecuencia de becas insuficientes y préstamos onerosos y discriminatorios. Aún más relevante es la prioridad que se otorgue a educación prebásica, básica y luego secundaria, que determinan la calidad de la fuerza de trabajo y las posibilidades de movilidad social de quienes la reciben. Como enfatizó el ranking de competitividad del World Economic Forum, la innovación económica es aportada en más de 70% por trabajadores y 20% por personas que no están vinculadas a investigación, tal que la productividad y el crecimiento dependen antes que nada de la calidad de la educación primaria.
La productividad, que es otro nombre para la disminución de costos en procesos productivos, se fomenta con estructuras tributarias y legislación laboral que estimulen el empleo y la inversión, reglas del juego que garanticen competencia, y educación para tener una fuerza de trabajo capaz, innovadora y adaptable a condiciones siempre cambiantes. En este sentido, incentivos tributarios como los contenidos en la ley de apoyo a la investigación y desarrollo recientemente entrada en vigencia, si bien deberían lograr un incremento del tipo de investigación que se fomenta, corresponden a instrumentos muy secundarios para estimular la productividad, frente a la importancia de la calidad de la enseñanza y la estabilidad de reglas del juego que estimulen el desarrollo de las empresas.
El gasto que controla el sector público a través del Fisco (22% del PIB), municipalidades (2,8%) y empresas públicas (9,6%) excede un tercio del producto, porque luego del incremento en el gasto fiscal en el gobierno anterior, la reversión ha sido sólo parcial. Un aumento del gasto fiscal de 5% real en 2013 no va a lograr reducir su peso. Esto constituye hoy una limitación al potencial de crecimiento de la economía, que además puede agravarse por gasto adicional, por presiones sectoriales en un ambiente político más volátil, o para enfrentar caídas en crecimiento si las condiciones externas se deterioran.
Diversos analistas han señalado que un 5% de crecimiento real del gasto está en el límite de lo razonable, muy cercano a la tasa de crecimiento potencial del PIB y todavía, eventualmente, compatible con dar cumplimiento al compromiso oficial de llegar a un déficit estructural que no exceda el 1% del PIB en 2014. Parecería necesario, en la actual situación cercana al pleno empleo, con una demanda privada pujante que se refleja en un déficit en cuenta corriente significativo proyectado para 2013, a pesar de excelentes términos de intercambio, acometer un ajuste de gasto mayor en áreas de menor prioridad para asegurar la salud económica del país más allá del corto plazo. El 5% de crecimiento real en el gasto fiscal no ayuda a contener la incertidumbre sobre futuras estructuras tributarias y nuevos gastos que se han acumulado en el último tiempo.
Esta opción suele confundirse con el celibato, pero no es lo mismo; los asexuados definen su condición como una de las tantas formas de identidad y defienden las relaciones que se basan en el romanticismo, dejando de lado lo erótico.