Chile, de cara a un futuro promisorio Ante el país se abren favorables expectativas que deben ser aprovechadas con espíritu constructivo en busca del bien común de la sociedad.

Chile, de cara a un futuro promisorio

Ante el país se abren favorables expectativas que deben ser aprovechadas con espíritu constructivo en busca del bien común de la sociedad.

18/09/2012 - 04:00

AL FESTEJAR un nuevo aniversario, el país se encuentra hoy en una posición expectante para darles a sus ciudadanos condiciones de vida que les permitan acceder a un alto nivel de desarrollo material, cultural y espiritual. Es una oportunidad que también existió en otros momentos, pero que Chile no supo aprovechar, por la creencia de que una bonanza económica momentánea subsistiría en el tiempo y resolvería los problemas. Las amenazas para alcanzar esas metas no están, como en otras épocas, en restricciones de recursos o en grandes reformas inabordables, sino más bien en la ausencia de una actitud más constructiva de sus principales líderes y de la disposición para abandonar ciertos intereses particulares en pro del bien común.

 

En algunos momentos de su historia, las limitaciones de nuestro país estuvieron dadas por una incapacidad de lograr niveles mínimos de bienestar para la mayoría de la población, merced a una economía cerrada y que desconfiaba de sus capacidades de competir, impidiéndose así cualquier avance sustantivo que permitiera lograr una efectiva igualdad de oportunidades que sustentara el crecimiento. En otros momentos, fue la debilidad de sus instituciones políticas y la incapacidad de los distintos sectores de alcanzar consensos mínimos de gobernabilidad la que socavó toda posibilidad de progreso, llegándose incluso a la destrucción de la democracia de la que el país tanto se enorgullecía.

 

Si se miran las cifras objetivas, la trayectoria reciente de Chile no puede sino ser calificada como espectacular: en poco más de un cuarto de siglo, ha pasado de una eterna posición de subdesarrollo a encabezar el ingreso per cápita en Sudamérica; más de un 30% de su población ha salido de la pobreza; todos los ciudadanos tienen garantizado el acceso a la educación, la salud y una pensión básica. Ciertamente, hay desafíos de calidad en cada uno de los servicios sociales, para la cobertura y ciertos estándares mínimos son ya una realidad.  El país ha gozado de estabilidad política en este período y los estados de excepción y el terrorismo  que estuvieron presentes por décadas hoy son una realidad superada. Los dos principales bloques políticos han conquistado la mayoría del voto popular en sucesivas elecciones y han desempeñado el gobierno en forma normal, lo que muestra una sana alternancia en el ejercicio del poder.

 

Esta realidad parece ser captada en lo más profundo por los ciudadanos comunes y corrientes, que en recientes sondeos de opinión pública muestran una visión positiva del país y confían en su futuro. Llama la atención, sin embargo, que los líderes políticos parezcan rebelarse frente a esta percepción y que hagan esfuerzos discursivos para tratar de convencerlos de que todo está peor. Se ha generado un llamativo contraste entre las cifras y la opinión que hay en el exterior, con el tono enrarecido que ha adquirido el debate público, con descalificaciones y argumentaciones extremas que parecen más propias de un país en profunda crisis que de uno con las oportunidades que tiene Chile.

 

No conviene a nuestra sociedad, por ejemplo, que cuando existen casos de malas prácticas o abusos de parte de empresas, se hagan críticas desmesuradas y que extienden un manto de duda sobre todas ellas. Esos casos deben ser sancionados, pero no debe debilitarse el espíritu de empresa que ha sido el motor de nuestro desarrollo y del cual dependemos para lograr las metas futuras. 

 

Tampoco es útil que en el debate político se extremen las posiciones al punto de que todo esté malo o todo bueno, como ocurre con la discusión sobre la asamblea constituyente. Proponerla implica un juicio negativo sobre el grueso de la institucionalidad, cosa a lo menos curiosa cuando se contrasta con los resultados que ha generado. Los defectos que tenga el sistema deben ser discutidos a la luz de las propuestas de solución dentro de éste, pero ningún sector -y esto es realmente un gran activo de nuestra democracia- debe aspirar o tener la posibilidad de imponer algo que no cuenta con un respaldo muy mayoritario. Por último, no convienen al buen funcionamiento de las instituciones las descalificaciones que se han generado crecientemente en los debates sobre temas relevantes en las políticas del Estado, como las estadísticas sociales, los fallos judiciales y el resultado de las políticas sociales, con críticas en algunos casos fundadas, pero que contienen descalificaciones que alientan la agresividad y alejan la posibilidad de un debate sereno y fecundo.

 

Este largo feriado de Fiestas Patrias y la conmemoración del primer paso hacia nuestra plena independencia deben ser el momento propicio para una pausa en el debate, que permita a todos quienes participan en él y a quienes tienen responsabilidades públicas reflexionar un poco más sobre el futuro del país y un poco menos sobre la táctica política o comunicacional más conveniente a los intereses particulares.

 

En los próximos 14 meses se discutirán las propuestas que cada sector tiene para mejorar la conducción del país, primero a nivel comunal y luego a nivel nacional, lo que debe brindar a los ciudadanos la posibilidad de conocer en profundidad los problemas y carencias que existen, así como las mejores soluciones para resolverlos. Para ello, una condición indispensable es que el debate se dé en forma seria y respetuosa. Así, la nación puede avanzar y progresar, con el aporte de todos los sectores y con la posibilidad de no desperdiciar un futuro que, mirado objetivamente, se revela promisorio.  

ANUNCIOS
  • Sé el primero en comentar comentarios
     
 

    Síguenos en:

  • facebook
  • twitter
  • google plus
  • pinterest
RECIENTES
LO + VISTO

Busca actualizaciones cada5 minutos.

 

Asexualidad: ¿moda, gusto o simple desinterés por el sexo?

Esta opción suele confundirse con el celibato, pero no es lo mismo; los asexuados definen su condición como una de las tantas formas de identidad y defienden las relaciones que se basan en el romanticismo, dejando de lado lo erótico.







SIGUENOS TAMBIEN EN:
ACTUALIZA TU EXPLORADOR:

Grupo Copesa Derechos reservados
Se prohíbe expresamente la reproducción o copia de los contenidos es legal en este sitio sin el expreso consentimiento de Grupo Copesa.