¿Podrá el estilo del ministro transferirse a otras esferas? Pensemos en la zona que el sismo golpeó: allí la política del gobierno ha sido errática.
UN HECHO imprevisto puede cambiar la historia. Así ocurre muchas veces con la política. Accidentes que transforman la dinámica política, que imponen nuevos marcos interpretativos, que dan vuelta el curso de los acontecimientos. Esto es lo que podría ocurrir con el actual gobierno a propósito de la crisis de los trabajadores de la mina San José.
Veníamos observando un gabinete con serios problemas de adaptación. La administración del Presidente Piñera no había logrado encontrar el tono correcto. En la mañana llamaba a la unidad nacional y en la tarde sus ministros se enfrentaban con la oposición. Mientras el Presidente orientaba su mirada al futuro, su gabinete apuntaba los dardos en contra de la gestión pasada.
Un gobierno que en cinco meses comenzaba a ganar muchos escépticos en la opinión pública y varios detractores dentro de la propia coalición oficialista. Liberales versus conservadores de su propia coalición comenzaron a enfrentarse casi a diario por el manejo comunicacional, la agenda de valores, la reconstrucción y tantos otros temas que entran y salen del debate público.
La gestión gubernamental, a propósito del rescate de los mineros, contribuyó a cambiar el énfasis. Qué duda cabe. Se centralizaron las decisiones en una vocería principal (el ministro Golborne), se atendió e informó en forma constante a las familias, se mantuvo un canal fluido con los medios de comunicación y se combinó el saber experto con el político. El ministro Golborne ha contribuido a llenar todos aquellos atributos en los que el Presidente es deficitario: cercanía, confianza, credibilidad, afecto. No ha perdido tiempo en debates menores o en hacer zancadillas a sus adversarios.
La pregunta es si este modelo podrá transferirse a otras esferas. Pensemos en la zona afectada por el terremoto. Allí la política gubernamental ha sido errática. No se ven ministros tomando nota de las demandas ciudadanas e implementando cambios. Tampoco se ve mucha voluntad de avanzar políticas de mediano y largo plazo. El gobierno perdió la oportunidad de establecer una agenda-país de reconstrucción, entrampándose en recriminaciones hacia la oposición.
En educación, hasta hace algunas semanas, los avances del ministro Lavín se orientaban en una dirección de diálogo y proactividad. Sin embargo, el esfuerzo de Lavín siempre ha sido visto con suspicacia por sus propios aliados, por el simple hecho de que él es una potencial carta presidencial.
El factor Golborne introdujo entonces un elemento novedoso. El ministro encontró el tono correcto de cercanía y capacidad, de visión y humildad. A través de su estilo, se abrió una oportunidad única para que la elite pueda diseñar una política de Estado y largo plazo en el campo de la seguridad laboral y del sector minero.
La pregunta es si el gobierno estará dispuesto a incorporar estos elementos en su gestión. Ello implicaría al menos cuatro cosas: incluir a la ciudadanía en las decisiones, una nueva forma de relacionarse con la oposición, la revisión de las múltiples vocerías en competencia en la actual administración y, finalmente, que el Presidente no intente emular el estilo de Golborne. Veremos si todo ello ocurre.
Es difícil predecir los errores que podemos cometer en la cama, aunque hay una serie de actitudes que a los hombres les desagradan profundamente. No arruines una noche "hot" por culpa de uno de estos deslices.