Promesas de campaña

Lo de Barrancones muestra que un Presidente debe estar dispuesto a romper una promesa de campaña si la realidad lo aconseja.

por Andrés Benítez - 28/08/2010 - 09:00
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DOS CUENTAS le están pasando al Presidente Piñera: la extensión del posnatal a seis meses y su oposición a la central termoeléctrica Barrancones. Ambas fueron promesas de campaña y, por ende, se pide que el Mandatario cumpla su compromiso. Hay gente que piensa que en esto se juega la credibilidad del gobierno. Hay otros, entre los que me incluyo, que creemos que mientras menos promesas de campaña se cumplan, mejor para los países.

Todos sabemos que durante la campaña se dicen muchas cosas. Algunas son buenas ideas, otras malas. Estos dos casos específicos, el posnatal y Barrancones, son un buen ejemplo de esto. Alargar el posnatal a seis meses es una mala idea. La comisión de expertos que estudió el tema concluyó que es mucho más conveniente aumentar la cobertura del posnatal que alargarlo a las pocas mujeres que lo reciben. Se trata, entonces, de un caso donde no hay que cumplir una promesa de campaña, porque así el país gana.

El caso de Barrancones es el inverso. Es razonable que el Presidente cumpla con su compromiso de oponerse, porque el lugar elegido no era adecuado. Para esto, Piñera da un paso audaz, porque tiene que actuar al margen de la institucionalidad, negociando con la empresa propietaria el buscar una ubicación alternativa. Se ha criticado que, en esta decisión, el Presidente mantuvo al margen al Ministerio de Medio Ambiente. Pero esa fue una medida correcta, toda vez que Piñera no quiso "contaminar" al citado ministerio con consideraciones políticas. Por el contrario, dejó que la repartición operara en forma técnica, que es lo que corresponde, y luego asumió personalmente el peso de la decisión.

Con esto, Piñera gana y pierde. Gana, porque a los ojos de la gran mayoría del país se juega por proteger un lugar calificado de santuario de la naturaleza. Pierde, porque siembra un manto de duda sobre la institucionalidad ambiental, poniendo en jaque futuros proyectos que hoy se encuentran en evaluación. Por esto, es claro que el desafío del Presidente es lograr que la comunidad comprenda que este es un caso excepcional. Este mensaje deben entenderlo las empresas del sector, para que sigan invirtiendo, y también los grupos ecologistas, que hoy ven potenciado su objetivo de detener cualquier proyecto de energía que se intente construir. Frente a esto, Piñera deberá actuar con firmeza, porque su compromiso de campaña no es sólo con el medioambiente, sino también con el crecimiento, base para terminar con la pobreza.

Los ejemplos del posnatal y de Barrancones nos muestran que siempre es mejor vivir de realidades que de promesas. En este sentido, un Presidente debe estar dispuesto a romper una promesa de campaña si la realidad así lo aconseja. De la misma manera, jugarse por lo que prometió, si es conveniente. 

Una última consideración: todo esto hubiera sido más fácil y menos costoso para el país si la ex Presidenta Bachelet, que hoy critica el proyecto Barrancones, hubiera actuado en consecuencia el año 2007, cuando se presentó al sistema de impacto ambiental. Se hubieran evitado así años de trabajo y recursos que hoy se van al tarro de la basura.

 

 

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