CHILE NO VIENE de una buena década en materia de delincuencia y las cifras al respecto son contundentes. En mayo del año 2000, el Indice Paz Ciudadana-Adimark dejó de manifiesto que el 30,8% de los hogares chilenos había sido víctima de robo dentro o fuera del hogar. Año a año la cifra fue subiendo, hasta que en junio de 2004 llegó al 40,5% de los hogares.
Como era lógico que ocurriera con un alza tan brutal de la victimización en tan sólo cuatro años, la delincuencia llegó a ocupar el centro de la atención de la ciudadanía y, como efecto natural, esta preocupación se vio y se sigue viendo reflejada en los medios de comunicación.
A partir de ello se entiende que esta problemática cruzara la campaña presidencial de 2005 y por ello no es posible entender la Estrategia Nacional de Seguridad Pública lanzada por el gobierno anterior en noviembre de 2006, sin los aportes de la oposición de entonces, los cuales posibilitaron un acuerdo político amplio sobre la materia. Sin embargo, no se pueden desconocer las falencias que se manifestaron en la aplicación de esta estrategia, donde algunos programas carecían de objetivos concretos y tenían errores de diseño o de implementación.
El Plan Chile Seguro 2010-2014 se basa en un diagnóstico profundo que liga sus resultados y metas con éste, para lograr la eficacia y la eficiencia del mismo. El principal objetivo es la disminución del delito y todas las acciones detalladas son posibles de evaluar con exactitud. Describe con precisión lo que hay que hacer en los distintos ámbitos con metas ambiciosas, pero posibles, como por ejemplo, bajar la victimización en cuatro puntos porcentuales.
Con las policías hemos abordado el combate a la delincuencia y la mantención del orden público, una realidad que algunos, con cierta superficialidad, apuntan como un simple acto comunicacional; sin embargo, los resultados tangibles muestran un cambio, como ocurrió en el denominado Día del Joven Combatiente; en la detención de 14 personas acusadas por las diversas detonaciones de artefactos explosivos que se venían sucediendo desde el año 2005; y también en la expulsión desde Argentina del prófugo de la justicia Juan Aliste, acusado de matar a un cabo de Carabineros durante un asalto bancario en 2007.
Asimismo, en sólo 71 días, ambas policías efectuaron decomisos de pasta base y precursores químicos que totalizaron 1.500 kilos y 16 toneladas, respectivamente, el equivalente a lo que antes tomaba un año alcanzar.
Sentimos que vamos en la línea correcta y eso queda refrendado en el último Indice de Paz Ciudadana-Adimark, que mostró un descenso del temor y un ascenso de la evaluación del gobierno respecto de cómo enfrenta la delincuencia. Es por ello que esperamos que la lectura de estos avances no se politice, creando una falsa sensación acerca de que la misión de llevar la paz y tranquilidad a los hogares y los barrios de nuestro país involucra la vulneración de derechos fundamentales. Nuestro gobierno no tiene ni tendrá complejos para enfrentar la delincuencia, pero siempre dentro del marco que entrega el Estado de Derecho. Esa es la forma como los países le han ganado la batalla a la delincuencia y al narcotráfico.