LA REPUTACION mundial de Chile como país minero es el resultado de un trabajo minucioso para obtener un ordenamiento jurídico adecuado y estable, un régimen tributario competitivo y una estabilidad económica y política que entrega confianza y que ha permitido que inversionistas extranjeros inviertan en nuestro país. Somos el principal productor de cobre del mundo, aportando el 34% de la producción mundial del metal rojo y el 20% del PIB nacional.
Para los chilenos, esto se ha traducido en miles de puestos de trabajo con buenos niveles de remuneraciones y estándares mundiales en materia de capacitación y seguridad. Ha significado que la gran minería aportara millones de dólares en desarrollo comunitario, educación, salud, cultura y deportes, particularmente en la zona norte del país.
Sin embargo, la competitividad de futuros proyectos -que se calculan en unos US$ 50.000 millones- puede verse afectada si aumentan los costos tributarios que inciden en su materialización. En especial, hay inversiones por alrededor de US$ 8.000 millones, que son proyectos marginales de difícil justificación económica, que podrían perderse si los costos se elevan.
En la actualidad, la gran minería en Chile paga una tasa impositiva de 37,6%, lo que está por encima de lo que paga en Argentina, Brasil, Sudáfrica, Perú, Bolivia y Australia. Eso nos ubica entre los países de más alta tributación a la minería en el mundo. Por eso, un aumento del royalty hará que la actividad minera en el país sea menos competitiva a nivel mundial, incentivando que los recursos disponibles para invertir se vayan a proyectos en países de tributación más baja.
En los últimos cinco años las empresas de la gran minería ya han aportado al país más de US$24 mil millones por concepto de impuestos a la renta, lo que equivale al triple de los recursos necesarios para la reconstrucción posterremoto.
Los fondos provenientes de esta significativa recaudación tributaria han permitido acumular reservas y ahorros más que suficientes para generar una estabilidad macroeconómica que da seguridad al país, minimizando los impactos de crisis financieras pasadas y futuras.
Recordemos que en el año 2005 hubo una amplia discusión nacional sobre el royalty, al cabo de la cual se fijó un impuesto a la minería por 12 años. Pero sólo han transcurrido cinco años y nuevamente tenemos una discusión tributaria que provoca incertidumbre y altera el normal funcionamiento de este sector, que es el que más aporta al desarrollo económico y social del país.
Es fundamental, entonces, entender que el eventual aumento del royalty afectará la competitividad de la minería chilena a nivel mundial. No sólo encarecerá la operación de los yacimientos que están actualmente en explotación, cuya decisión de inversión ya fue tomada, sino que afectará principalmente las perspectivas de los proyectos futuros, todavía pendientes de decisión y ejecución. Por todo lo anterior, si queremos tener más y mejor minería para el bien de Chile, es fundamental que entre todos cuidemos nuestra bien ganada reputación como país serio, estable y competitivo, que da tranquilidad y certeza a las inversiones mineras.