Política laboral: mucho más que seguridad

La mina San José nos recordó que para que la política laboral sea efectiva, hay que empezar a mirar el desempeño del empresariado.

por Cristóbal Huneeus - 06/09/2010 - 08:30
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EL PRESIDENTE Piñera prometió a los chilenos crear 250.000 empleos al año por los próximos cuatro años. Esto lo lograría a través del crecimiento económico de un 6% y a través de diversas iniciativas de su gobierno, entre las que destacó una agenda laboral consistente con ese objetivo: teletrabajo, bonos de capacitación, bonos de intermediación, flexibilidad, aumentar las materias para ser negociadas colectivamente, modificación de las indemnizaciones, mejoramiento del seguro de cesantía, aumento del posnatal a seis meses, entre otras políticas.

Los primeros seis meses del gobierno han mostrado que implementar esta agenda ha resultado más difícil de lo esperado por Piñera. Por una parte, ha sentido el efecto de no tener mayoría en el Senado, una realidad que, en jerga de inversionista, significa que no tiene poder controlador. La economía está mostrando una mayor capacidad de crear empleos de lo previsto, por lo cual las exigencias para implementar las anunciadas reformas han desaparecido a los ojos de La Moneda. Las políticas fiscales y financieras, por otra parte, heredadas de la gestión de Andrés Velasco, han resultado muy exitosas.

El accidente de la mina San José cambió sorpresivamente este escenario favorable para el gobierno, pues mostró la realidad de los trabajadores de la mediana minería, con dramáticas condiciones de inseguridad y precariedad laboral. El gobierno ha querido reducir el incidente sólo a un tema de seguridad, pero es mucho más profundo y complejo. El problema real siguen siendo las difíciles condiciones laborales y de remuneración de los trabajadores y las desigualdades.

Durante los últimos 20 años la política laboral ha tenido como foco al trabajador, olvidando que la productividad de éste no sólo depende de sus capacidades, sino también de las del empleador. Por lo tanto, si el empleador no avanza, es imposible pedirle al trabajador que lo haga. Lo ocurrido en la mina San José volvió a recordarnos que para que la política laboral sea efectiva es hora de empezar a mirar también el desempeño del empresariado. El presidente ejecutivo de Codelco lo dijo muy bien: el desafío es cómo lograr que las grandes mineras les traspasen su experiencia en seguridad y otros temas a las pequeñas y medianas empresas. Este es el verdadero desafío del país y la principal lección del accidente en Copiapó. No puede ser que la respuesta de las autoridades, ad portas del Bicentenario, para que 33 mineros estén atrapados a 700 metros bajo tierra, sea una comisión que sólo va a mirar la seguridad.

Una agenda laboral del Bicentenario debe atacar las asimetrías que impiden que este mercado funcione bien. No sólo la protección al desempleo, sino las materias a ser negociadas colectivamente, la institucionalidad de la Dirección del Trabajo, extender el posnatal combinando una parte obligatoria y otra flexible, aumentar la cobertura de la capacitación, entre otros.

El Presidente tiene la oportunidad de usar su experiencia como empresario para liderar una agenda laboral que nos lleve al desarrollo. Una agenda que incorpore al empresariado, pero que tenga como norte disminuir las desigualdades y empoderar al trabajador.

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