Una revolución para el Bicentenario

¿Por qué no pensar en una revolución docente para que los mejores talentos ayuden a  construir la equidad y el crecimiento del futuro?

por Alejandro Ferreiro - 07/09/2010 - 04:00
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EL BICENTENARIO nos sorprende en medio de luces y sombras. Entre las primeras destacan la recuperación de una convivencia sana, la consolidación de un estado de derecho más transparente y de una economía robusta que, junto a una política social activa, han permitido a Chile avanzar de modo notable en calidad de vida y reducción de la pobreza. Entre las sombras, la más grave y pertinaz se arrastra desde antes de la independencia: la desigualdad profunda de una sociedad en la que la cuna marca, más que cualquier otro factor, el horizonte de los chilenos.  Menos que ayer, siguen siendo inaceptablemente muchos los jóvenes que no encuentran en la educación un camino de progreso, inserción y promoción social. Ya no es la falta de cobertura, como en tiempos del Centenario, la causa del problema. Hoy el desafío está en la calidad y la equidad. 

¡Que majadería, dirá Ud.! ¿Acaso no puede el columnista decir algo distinto de lo que ya tantos han reiterado? Acierta Ud. al no encontrar novedad en estas palabras, pero en días propicios para reflexionar acerca de los desafíos principales del país, no parece responsable desviarse de lo esencial: Chile necesita, por un imperativo moral, político y económico, dar un salto formidable en la calidad de su educación. Y ahora.

¿Qué hacer para transformar radicalmente una situación en la que pese a los muchos, pero frágiles avances, aún son más los desafíos que los logros?  Recuerdo haber conversado años atrás con una profesora primaria finlandesa, quien contaba cómo había preferido la pedagogía a la ingeniería. No lo relataba como sacrificio. De hecho,  la valoración social de la pedagogía es tan alta, que se ubica entre las dos profesiones más apetecidas por los postulantes a la universidad.  Así, en las aulas finlandesas, los mejores talentos del país hacen brotar los talentos del futuro aplicando las mejores técnicas educativas.  A no extrañarse que la equidad y el vigor económico distingan a esa nación nórdica.

¿Y en Chile? ¿Por qué no pensar en una revolución docente que aspire a entregar a los mejores talentos la más noble y esencial de las funciones: estimular valores y aprendizajes para construir la equidad y el crecimiento del futuro? 

Casi siempre, al debatir sobre impuestos, sabemos quiénes los postulan y quiénes los rechazan. Sospecho, sin embargo, que si se ofrece un plan para mejorar sustancialmente la educación, que sea, a la vez, transversalmente legitimado, bien pensado y de largo plazo, nadie podría negarse al esfuerzo financiero que ello requiera, por significativo que resulte.

El ministro Lavín ha propuesto subsidiar el estudio de pedagogía a alumnos con buenos puntajes en la PSU. Buen avance, pero insuficiente. Se requiere, además, mejorar sustancialmente los pedagógicos nacionales y garantizar a los profesores del futuro remuneraciones acordes a su desempeño y a la valoración social que merece la docencia. ¿Por qué no pensar en un bono "bicentenario", proporcional al puntaje PSU y a las notas obtenidas en la universidad, de modo de retribuir la excelencia docente permanentemente mientras se vuelque en las aulas chilenas?  ¿Acaso no hace Ud. todos los días el mejor esfuerzo para educar a sus hijos? Ya es tiempo que, como sociedad, hagamos lo mismo por todos los hijos de Chile.

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