MIENTRAS escribo, me encuentro en el Aula Magna de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile. En el marco del paro, estudiantes y profesores se han juntado para unas jornadas de reflexión. Los estudiantes cuestionan, preguntan e interrogan a miembros del claustro y a algunos invitados sobre una variedad amplia de temas. Desde reforma tributaria hasta educación preescolar, desde educación técnica al rol político de las movilizaciones, desde el lucro a la evaluación de profesores.
Encuentros como este están ocurriendo en muchas universidades y colegios a lo largo del país. Miles de estudiantes y profesores se encuentran usando el tiempo en pensar colectivamente sobre los problemas del sistema educativo y las opciones políticas que ofrece su reforma. En el caso de nuestra facultad, incluso, algunos estudiantes se han organizado en equipos dedicados al levantamiento de datos o búsqueda de literatura sobre ciertos temas. Se les ve rondar por la Torre de Economía depredando a los profesores.
Las movilizaciones son importantes en política. Sirven como mecanismos de coordinación de prioridades civiles. Cuando un equipo deportivo se amontona antes de entrar a la cancha, usualmente termina con un aplauso o grito. Es un ritual que dice: "Estamos todos en el mismo ritmo". Algo parecido ocurre con las marchas y los cacerolazos. Adicionalmente, sirven como demostración de la fuerza que tienen las convicciones de los ciudadanos. Hay cientos de temas que uno podría apoyar en una encuesta. Son pocos los temas por los cuales uno está dispuesto a marchar.
Por ello, las movilizaciones son reporteadas en extenso por la prensa. Y, por cierto, siempre será de interés la estupidez y el egoísmo reflejado en el vandalismo de los encapuchados y provocadores. Son noticia, desafortunadamente. Me parece, sin embargo, importante destacar que este otro proceso de reflexión colectiva masiva está ocurriendo al mismo tiempo en todo el país, quizás menos visiblemente que las marchas, quizás en forma menos noticiosa, pero igual de significativa y numerosa.
Todos sabemos que la construcción de una educación de calidad, igualitaria e inclusiva tomará mucho tiempo y requerirá un largo proceso de reformas y debate político. Para poder hacerlo, el país tiene que "acordar" que esta será su prioridad estratégica de mediano plazo. En eso estamos. Eso nos obliga a reconocer que para poder sostener la fuerza del movimiento es crucial que este no "muera por agotamiento", sino que se proyecte en el tiempo. Para esto es necesario que los estudiantes encuentren una forma de volver a clases relativamente pronto, pero -y aquí está lo difícil- con las banderas arriba, la frente en alto y las convicciones frescas.
Quizás parte de la respuesta se encuentra en este entusiasmo por pensar. Pronto llegará el momento de desmovilizar paros y tomas. Como sea, no me gustaría que se desmovilice el pensamiento. Aquí es donde tienen que mostrar creatividad los dirigentes. Necesitan pensar en otras formas de proyectar este proceso. Maneras sustentables de que todos sigamos haciendo aquello que será el combustible y el símbolo del país que queremos. Maneras de que sigamos juntándonos a pensar.