EL MIERCOLES pasado, justo cuando visitábamos con el ministro de Justicia en el Hospital Roberto del Río a una niña de sólo siete meses que se encuentra internada en estado grave producto de la brutal agresión de su madre, nos informaron que, en Graneros, un niño discapacitado de dos años fue asfixiado por su madre a raíz de un conflicto con su pareja.
En 2010, nueve niños murieron víctimas de las agresiones de alguno de sus padres, mientras que este año los fallecidos ya suman 11. El año pasado, el Servicio Nacional de Menores (Sename) recibió casi 20 mil nuevos casos de maltrato, mientras que para éste proyecta un aumento de 4%. ¿Qué nos pasa como sociedad que descargamos en los niños nuestras impotencias y frustraciones? Los antecedentes nos indican que más de la mitad de los maltratos graves se producen en hogares con antecedentes de violencia intrafamiliar, y que el abuso de drogas y alcohol se encuentra en parte importante de los casos con resultados fatales.
La mayoría de estas situaciones se produce por negligencias en el cuidado de los hijos, maltrato psicológico y maltrato físico leve. Los padres maltratadores señalan que lo hacen "por el bien de los niños" o porque "no conocen otras formas correctivas disciplinarias". El juicio de que la violencia es educativa está en el centro del comportamiento de los adultos respecto de los niños, y ese es un factor cultural que debemos desterrar. Es por eso que hemos levantado una campaña digital denominada "No es su culpa", en la que con ayuda de rostros de televisión y conocidos tuiteros intentamos crear conciencia en las redes sociales de este problema. En la web disponemos de un catálogo con 10 acciones que todo adulto debiese tomar cuando es testigo de un hecho de violencia contra un menor de edad.
Hoy estamos en una etapa de visibilización del maltrato infantil como un problema social serio; la evidencia nos avala. Nuestro norte es desterrar las prácticas cotidianas de violencia hacia los niños, las que se producen en todas las clases sociales y sin distingo de nivel educacional entre los agresores. La propia Unicef cifró en 75% los niños y niñas de nuestro país que han sido maltratados, de los cuales la mitad sufrió algún tipo de violencia física.
La evidencia recopilada indica que cuando un niño es víctima de maltrato, no sólo sufre el dolor físico, sino que hay consecuencias posteriores asociadas, como sentimientos de tristeza y desmotivación, conductas agresivas o de aislamiento social y el desarrollo de una baja autoestima, la que puede manifestarse en extrema timidez o hiperactividad. En algunos casos podría presentarse abuso de drogas y/o alcohol en la adolescencia.
Aun cuando siempre existe espacio para seguir perfeccionando la legislación, los tratamientos reparatorios y la promoción de los derechos de la infancia, nuestro llamado es a la comunidad, en particular a los adultos. No podemos ser pasivos ni contemplativos cuando vemos o sabemos que un niño es maltratado: la culpa nunca es de ellos y de eso sí debemos hacernos cargo.