EN LA HISTORIA de la humanidad, la manera de enfrentar las epidemias ha marcado la diferencia. En algunos países se mantuvo a los portadores de VIH/sida en una isla, para cuidarlos mejor y tuvieran espacio. Hubo países occidentales que en los primeros años de la epidemia exigieron demostrar un examen de VIH negativo para traspasar sus fronteras. Poco y nada se logró: el sida es una pandemia que no ha respetado fronteras y está presente hasta en el último rincón del planeta. Aplicar medidas de este tipo proyecta la imagen de una autoridad todopoderosa, que para proteger la salud de la población puede violar los derechos humanos. Todo lo contrario al concepto de salud que ha permitido que el mundo avance: ese que dice que la salud es tarea de todos y de cada uno de nosotros, ejerciendo tanto la responsabilidad individual y social, la cual debemos fomentar respetando los derechos humanos.
El Ministerio de Salud ha publicado recientemente un decreto que, en los hechos, promueve una conducta atentatoria a los derechos humanos, cuando se señala que los médicos deben asumir una labor de pesquisa que no les corresponde: buscar los contactos sexuales de sus pacientes diagnosticados con VIH/sida. Claramente, una medida de esta naturaleza atenta en contra de la confidencialidad del paciente y privacidad de las personas, como también atenta en contra de la ley del sida, que garantiza los derechos de los pacientes, como asimismo vulnera el rol que debe tener el médico, cuya prioridad es su paciente, al cual debe curar y acompañar, y no juzgar y/o fiscalizar buscando sus contactos sexuales. Promover que los especialistas realicen una pesquisa de este tipo atenta la relación médico-paciente, la que siempre debe establecerse en un marco de mutuo respeto y horizontalidad, a fin de crear confianza y generar la intimidad necesaria que debe existir entre el profesional y sus pacientes.
Este decreto no contribuye a cumplir con este propósito, más bien atenta en contra de ello y, sobre todo, afecta en el largo plazo llevar a cabo una prevención y tratamiento oportuno y eficaz del VIH/sida. Por otra parte, medidas como éstas no ayudan a fomentar una relación de fidelización médico-paciente, tan necesaria en tratamientos como los del VIH/sida, que exigen adherencia de por vida. Sin embargo, es necesario hacerse cargo también de los derechos que tienen las personas que han tenido contacto sexual con una persona viviendo con el VIH.
Para ello, debieran reforzarse las campañas de prevención y educación, la promoción del preservativo y la realización oportuna del examen; reforzar la educación sexual en los colegios; la conversación con la pareja; la elaboración y aplicación de planes focalizados en grupos con conductas de riesgo; en fin, muchas herramientas que debiesen implementarse en forma sistemática y coordinada, y sobre todo sostenidamente en el tiempo. Todos somos testigos de que, a pesar de haberse desplegado acciones en esta dirección, éstas han sido insuficientes y descoordinadas. Este es el camino que debemos emprender, y nunca es tarde para hacerlo. Los médicos no tienen la función de exigir los contactos sexuales de sus pacientes. Lo de ellos es promover la salud, hacer prevención y realizar tratamientos eficientes.