PESE A las dudas iniciales, parece evidente que la combinación de Felipe Larraín y Pablo Longueira está resultando ser un combinado más potente de lo que el mismo Piñera imaginó en su momento. La apuesta era arriesgada. Colocar un líder político tan fuerte en Economía aparecía como un contrasentido, toda vez que se trata de una cartera que tradicionalmente ha estado a la sombra del poderoso ministro de Hacienda. El punto es que nadie podía imaginar que eso sucediera en el caso del ex senador de la UDI.
Por ello, no fue raro que de inmediato comenzaran las apuestas respecto de quién ganaría este verdadero gallito en el equipo económico, y de hecho, ambos contendores partieron mostrándose los guantes en no pocas ocasiones. Pero, contra lo esperado, la situación no escaló y ambos ministros se retiraron a sus esquinas sin mayores daños. En todo esto, fue fundamental que Longueira encontrara un nicho propio: la defensa del consumidor. Llegó ahí por convicción, pero también por las circunstancias. Como viejo político, no se demoró un segundo en entender que casos como La Polar, y ahora las farmacias, eran una oportunidad única para hacer que su cartera cumpliera un rol central en la estrategia económica del gobierno.
Así las cosas, lo que partió con cierto grado de apuesta, comenzó también a adquirir una fuerza insospechada para la actual administración. Porque de alguna manera la acción de ambos ministros, ahora más coordinada, está configurando lo que se podría llamar la segunda revolución del modelo económico de mercado que implantó Pinochet. La primera de ellas la hizo la Concertación, quienes inventaron o se apoderaron del concepto de protección social. Ahora Piñera se puede adueñar de algo incluso más potente: la protección del consumidor.
Y tiene toda lógica. Así como una batería de políticas sociales es fundamental para alcanzar la equidad, tener una red de protección al consumidor es también esencial para tener una sociedad más justa. Porque la igualdad de oportunidades no se alcanza solamente con mejores políticas en salud o educación, sino también con el control eficiente de los abusos y las malas prácticas. Por ello, si el sello de la Concertación fue el crecimiento con equidad, el de Piñera debe ser el del crecimiento con justicia.
Esta semana es un buen ejemplo de todo lo anterior. Por una parte, se conocieron las cifras de desempleo más bajas de los últimos años, dejando en claro que la economía está cumpliendo su rol básico que es crecer y crear empleos con un dinamismo muy importante, que es lo que tiene que cuidar el ministro Larraín. Pero también se conoció el dictamen que condena a las farmacias por colusión, algo que está en la esencia del ministro Longueira, y que de alguna forma le da carácter especial al actual gobierno. En definitiva, están las dos caras de la moneda de lo que podrían llamar la economía de Piñera: crecer fuerte, pero con justicia. Un concepto muy poderoso en el plano político, sobre todo porque la derecha sabe que competir por la protección social es casi imposible. Esa es la gran marca de la centroizquierda. Por ello, apropiarse de la protección del consumidor, materia en la cual la Concertación no tiene buen desempeño, es una gran oportunidad.